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El que avisa no traiciona: dólares, FMI y las condiciones de Donald Trump para un Javier Milei que se quedó sin foto

En el marco de las negociaciones que el Gobierno lleva adelante con el Fondo Monetario Internacional (FMI), una voz de peso desde Estados Unidos irrumpió en la escena. Mauricio Claver-Carone, enviado especial de Donald Trump para América Latina, dejó en claro que el respaldo de Washington a un nuevo acuerdo no será un cheque en blanco.

En una jornada marcada por declaraciones contundentes, el ex presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) afirmó que la administración norteamericana está dispuesta a facilitar el camino de Argentina con el FMI, pero con una condición ineludible: que el gobierno de Javier Milei tome distancia de China y revise los compromisos financieros que lo atan a Beijing, en particular el swap de monedas que sostiene parte de las reservas del Banco Central.

«Queremos que Milei tenga éxito», señaló Claver-Carone en diálogo con la prensa, dejando entrever un apoyo explícito al proyecto libertario, pero con matices. Según el funcionario, la Casa Blanca ve con buenos ojos un entendimiento entre Buenos Aires y el organismo multilateral, siempre y cuando no se perpetúe la dependencia del gigante asiático. «Un acuerdo con el FMI no puede ser una herramienta para sostener el swap con China», advirtió, marcando una línea roja en la arena geopolítica. Además, el enviado de Trump abrió la puerta a un objetivo más ambicioso: un acuerdo comercial bilateral que fortalezca los lazos entre Argentina y Estados Unidos, un guiño que podría traducirse en oportunidades económicas, pero también en nuevas exigencias.

Devolverle los dólares a China: una misión imposible

Atender el pedido de Washington implicaría un giro significativo en la política financiera argentina. El swap con China, que hoy ronda los u$s18.000 millones y representa una porción clave de las reservas del Banco Central, ha sido un salvavidas en momentos de escasez de divisas, pero también una fuente de tensión con Occidente. Cumplir gradualmente con la exigencia de no profundizar este vínculo podría traducirse en no renovar tramos del acuerdo a medida que venzan —el próximo vencimiento importante es en 2026— y buscar alternativas para reemplazar esos fondos, como un mayor acceso a mercados de capitales o financiamiento multilateral.

Sin embargo, este proceso no estaría exento de riesgos: una salida abrupta del swap podría presionar las reservas y el tipo de cambio, mientras que una transición lenta requeriría un delicado equilibrio diplomático con Beijing, que podría interpretar el distanciamiento como un desaire en un momento de creciente influencia china en la región.

El swap con China, un mecanismo clave para las reservas argentinas, sigue bajo escrutinio. El gobierno de Milei ha debido maniobrar entre su rechazo ideológico inicial a Beijing y la necesidad pragmática de mantener este salvavidas financiero. Tras renovar en junio de 2024 una porción de u$s5.000 millones con vencimientos hasta 2026, Milei buscó en diciembre de 2024 reactivar una extensión de u$s6.500 millones congelada por China tras su asunción, enviando una carta a Xi Jinping. Este gesto, en un contexto de reservas netas negativas, sugiere que Argentina no puede aún desprenderse del respaldo chino, aunque las presiones de Washington para reducir esa dependencia plantean un desafío estratégico que el Ejecutivo deberá resolver con cautela.

Las negativas de Washington, menos es más

Las palabras de Claver-Carone llegan en un momento clave. Argentina busca un desembolso que, según trascendidos, podría rondar los u$s8.000 millones, acompañado de un diferimiento de pagos por cuatro años y un compromiso para robustecer las reservas. En este contexto, el ministro de Economía, Luis Caputo, ha sido enfático en sus negociaciones con el FMI.

En una entrevista el pasado 30 de marzo, el titular del Palacio de Hacienda confirmó que el Gobierno solicitó un desembolso inicial superior al 40% del total del préstamo de u$s20.000 millones, lo que implicaría más de u$s8.000 millones de manera inmediata. «Es cierto que no hay precedente de que el Fondo haga un desembolso inicial muy alto, en general hacen del 20%, 30%, excepcionalmente el 40%. Nosotros hemos pedido más por una razón: en un acuerdo tradicional, el Fondo hace desembolsos parciales a cambio de cumplimiento de metas fiscales y monetarias, cosa que en nuestro caso ya hicimos», afirmó Caputo, justificando el pedido por los ajustes ya implementados.

A este planteo, la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, respondió el 31 de marzo en una entrevista con Reuters que un desembolso inicial del 40% le parecía «razonable», avalando la solicitud argentina en función de los resultados económicos alcanzados. Esta postura implica que, hasta el momento, Donald Trump no ha logrado torcer la voluntad del organismo para que el desembolso inicial supere ese umbral del 40%, pese a las presiones que podrían inferirse de las declaraciones de Claver-Carone. El enviado estadounidense, conocido por su postura crítica hacia las políticas de flexibilización cambiaria, habría puesto reparos a una cifra mayor si no se acompaña de una devaluación y una apertura del mercado de cambios, según reflejan algunos análisis en la red social X.

Sin embargo, un hecho reciente suma incertidumbre al panorama. Hace algunas horas, Javier Milei asistió a un evento en Mar-a-Lago, la residencia de Donald Trump en Florida, pero no logró obtener la esperada foto con el presidente estadounidense, un gesto que se anticipaba como una señal de respaldo explícito. Esta ausencia de encuentro visual entre ambos líderes abre un interrogante sobre hasta qué punto Trump está dispuesto a empujar el voto del directorio del FMI en favor de las pretensiones argentinas, especialmente en un contexto donde las prioridades geopolíticas de Washington podrían pesar más que las afinidades ideológicas con Milei.

Desde Washington, el mensaje es claro: el apoyo tiene un precio, y ese precio incluye alinear a Buenos Aires con los intereses estratégicos de la potencia del norte. Mientras las negociaciones con el FMI avanzan, el gobierno de Milei enfrenta un dilema que trasciende lo económico. La pulseada entre las expectativas del Fondo, las presiones de Estados Unidos y las necesidades internas promete ser el próximo capítulo de una saga que, una vez más, pone a Argentina en el centro de la escena internacional.

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