Juan Negri, especialista en relaciones internacionales, interpreta el reciente aplazamiento de ataques estadounidenses como parte de una diplomacia coercitiva y evalúa los costos internos que motivan a Washington a buscar una desescalada.
El reciente aplazamiento de acciones militares por parte de Estados Unidos introduce un nuevo giro en el conflicto en Medio Oriente. Para el analista internacional Juan Negri, se trata de una estrategia ya conocida: «yo lo que veo es un escalón más en esta diplomacia de la coerción que hace Estados Unidos, que es, ataca para después negociar».
Negri sostuvo que la decisión responde a factores internos y económicos: «los costos internos para Estados Unidos en este momento están transformándose en muy altos», especialmente por el impacto en variables sensibles como el precio del petróleo. En ese contexto, explicó que Washington busca reducir tensiones: «está buscando alguna manera de desescalar el conflicto».
Además, advirtió un cambio en la percepción del equilibrio de poder: «Irán ahora siente que es Estados Unidos el que quiere terminar el conflicto, más que Irán», lo que podría abrir una instancia de negociación entre ambas partes. El analista planteó que la Casa Blanca intentará evitar mostrar debilidad en su retirada: «Estados Unidos va a buscar alguna herramienta oral discursiva para no blanquear que los objetivos que se planteó inicialmente no ocurrieron». En ese sentido, definió la estrategia como una salida controlada: «está buscando lo que se llama ese ‘ramp out’, es decir, la salida para salirse de ahí sin reconocer la derrota».
Sin embargo, matizó el concepto de derrota: «Estados Unidos logró disuasión, logró mostrarle a varios países que puede intervenir». Al mismo tiempo, remarcó el estado actual de Irán: «Irán queda diezmado, es decir, no hay que pensar que Irán ganó esta guerra», lo que condiciona cualquier negociación futura.
Sobre la posición argentina, Negri explicó que responde a una lógica política: «tiene que ver con el alineamiento ideológico de la política exterior», lo que implica un mayor involucramiento en la agenda internacional. En ese marco, consideró que el riesgo es limitado pero existente: «la probabilidad de que Irán haga una represalia contra nosotros en este momento es baja», aunque reconoció que el país «ha subido el perfil» en el conflicto.
Respecto al futuro inmediato, el especialista anticipó un proceso negociador complejo: «esto es una negociación, los dos países han puesto condiciones muy altas», lo que sugiere que el desenlace será intermedio. Finalmente, concluyó que, pese a la tensión, el camino apunta a una tregua: «en algún momento habrá un alto al fuego bajo algunas condiciones», aunque con demandas difíciles de conciliar entre las partes.
