El sector porcino argentino expande su presencia global a través de la exportación de menudencias y subproductos, con un crecimiento del 80% interanual. El Grupo Piamontesa, uno de los líderes del sector, analiza los desafíos de competitividad y la diversificación de destinos.
El negocio porcino argentino ha encontrado en los subproductos una vía de inserción en el mercado internacional. Ornella Giacosa, gerente de comercio exterior de La Piamontesa, analiza la expansión del Grupo Piamontesa —integrado por La Piamontesa y Campo Austral— en un escenario global con desafíos estructurales pendientes.
«El crecimiento fue muy fuerte en los últimos años, pero el contexto sigue siendo inestable y la rentabilidad no siempre acompaña», sintetiza Giacosa. El grupo opera con una integración total de la cadena, desde la producción en granjas hasta la industrialización y comercialización, lo que le permite optimizar costos y ganar eficiencia.
Con una participación cercana al 19% del total exportado por el país, el holding se posiciona como uno de los principales actores. Durante el último año, alcanzó un volumen de 1.750 toneladas exportadas, registrando un crecimiento del 80% en 2025 respecto a 2024.
El mapa de destinos cambió significativamente. Si bien el impulso exportador se originó en la crisis sanitaria de China por la peste porcina africana en 2019, la recuperación de ese país modificó el panorama. Hoy, Filipinas concentra el 80% de las exportaciones del grupo, consolidándose como el principal mercado. «Es un país con alto consumo de productos grasos y subproductos, donde nuestras menudencias tienen gran aceptación», explica Giacosa.
En paralelo, China perdió protagonismo debido a la caída de precios, aunque sigue siendo un mercado estratégico a la espera de la firma de protocolos sanitarios que habiliten el ingreso de menudencias. «Ese acuerdo podría cambiar completamente el volumen y los precios de exportación», advierte. La cartera se completa con destinos en África —como República Democrática del Congo y Costa de Marfil—, otros mercados asiáticos como Vietnam y Hong Kong, y plazas emergentes como Georgia y Uruguay.
El diferencial del negocio exportador argentino radica en la valorización de productos con escasa demanda interna. Hígado, orejas, patas, papada o cuero son considerados «manjares» en mercados asiáticos y africanos, pero tienen bajo consumo en Argentina. «Exportamos principalmente menudencias y subproductos. Los cortes de mayor valor hoy no son competitivos en precio y prácticamente no salen al exterior», señala Giacosa. La exportación de productos industrializados —como fiambres o salames— es aún más marginal, limitada por exigencias regulatorias de cada país.
Uno de los principales desafíos es la falta de competitividad. Mientras el mercado internacional paga alrededor de US$ 2.100 por tonelada de ciertos cortes, el costo argentino exige valores de entre US$ 3.500 y 3.700 para ser rentable. Esta diferencia deja al país fuera de competencia frente a jugadores como Brasil o Europa. A esto se suma un contexto macroeconómico que condiciona el negocio: tipo de cambio estable y una inflación que, si bien desacelera, aún impacta en los costos. «En algunos casos se exporta para sostener mercados, más que por rentabilidad, esperando mejores condiciones», reconoce Giacosa.
El comercio exterior porcino se caracteriza por una fuerte volatilidad. «No es un negocio cíclico ni previsible. Un mes podés exportar 20 contenedores y al siguiente uno solo», describe la ejecutiva. Las variaciones dependen de factores externos: precios internacionales, decisiones sanitarias, acuerdos comerciales y cambios en la demanda global.
En el plano local, el consumo de carne de cerdo muestra una expansión sostenida. En la última década, pasó de 8-9 kilos a más de 20 kilos por habitante al año, impulsado en gran parte por el encarecimiento de la carne vacuna. Sin embargo, este crecimiento no es homogéneo. Mientras la carne fresca gana terreno, los productos elaborados de mayor valor enfrentan un estancamiento. «El consumidor compra más al día y prioriza lo esencial, lo que afecta a los fiambres premium», explica Giacosa.
A pesar del contexto, el Grupo Piamontesa mantiene una estrategia activa de inversión. La modernización tecnológica —con maquinaria importada principalmente de Europa—, la mejora en bienestar animal y la eficiencia energética son ejes centrales. El objetivo, sin embargo, va más allá de la productividad: construir marca en el exterior. «Tenemos productos de excelente calidad a nivel internacional. Pero para lograr mejores precios, primero tenemos que ser conocidos», concluye Giacosa.
