Tomás Lopreite, un joven de Bahía Blanca, superó dificultades económicas y sociales para seguir su pasión por el espacio. Tras obtener un destacado promedio, recibió una prestigiosa beca académica en una universidad de Florida, aunque aún debe reunir fondos para cubrir los gastos restantes.
Tomás Lopreite, de 21 años, siempre tuvo claro su objetivo: ser astronauta. Nacido en Bahía Blanca en una familia de escasos recursos, su sueño parecía distante. Sin embargo, su perseverancia lo llevó a estudiar Ingeniería Aeroespacial en la Universidad Nacional de La Plata y a obtener uno de los mejores promedios de su escuela técnica.
Recientemente, la Universidad Aeronáutica Embry-Riddle, en Florida, Estados Unidos, le otorgó la beca académica más prestigiosa para estudiantes extranjeros. Esta beca no cubre la totalidad de los costos, por lo que Tomás inició una campaña para reunir los 45.000 dólares necesarios para poder viajar. «Sé que es difícil, pero no quiero renunciar tan rápido a mi sueño», expresó el joven.
Su infancia estuvo marcada por las limitaciones económicas. Creció en viviendas precarias y, desde los seis años, aprendió a realizar tareas domésticas mientras sus padres trabajaban en empleos informales. Su refugio fue una computadora familiar, con la que exploraba información sobre el cosmos y jugaba a simuladores espaciales, alimentando una pasión que se transformó en determinación.
Durante su escolaridad, Tomás enfrentó problemas de socialización y burlas, lo que incrementó su timidez. Un cambio decisivo fue su ingreso a una escuela técnica con orientación en aeronáutica, donde su rendimiento académico mejoró notablemente y ganó las Olimpíadas Aeronáuticas. «El cambio fue de 720 grados», describió sobre esa etapa.
Convencido de que el camino para llegar al espacio también se recorre desde la Tierra, Tomás aspira a formarse con los mejores. «Voy a aprender con los mejores y volver», afirmó, con la meta de realizar posgrados y pasantías en instituciones como la NASA para contribuir al desarrollo aeroespacial.
