El exvicepresidente de Colombia y figura clave en seguridad y procesos de paz llega al país para una visita oficial, donde será recibido por la ministra de Seguridad y autoridades de fuerzas federales.
El general retirado Óscar Naranjo Trujillo, una figura destacada en materia de seguridad, lucha contra el narcotráfico y el proceso de paz en Colombia, arribó este domingo a la Argentina. Su visita se da en el marco de una invitación de la ministra de Seguridad de la Nación, Alejandra Monteoliva, quien lo recibió en el aeropuerto junto al director nacional de Gendarmería, comandante Claudio Brilloni.
Naranjo, quien fue director de la Policía Nacional de Colombia entre 2007 y 2012 y vicepresidente del país entre 2017 y 2018, también participó activamente en los diálogos de paz entre el gobierno del expresidente Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC. Recientemente, evaluó una candidatura presidencial para suceder a Gustavo Petro, pero finalmente decidió no competir.
La ministra Monteoliva ha manifestado en reiteradas ocasiones su admiración y formación bajo la guía del general Naranjo. «Viví en Colombia 19 años, trabajé en los procesos de reestructuración, transformación y fortalecimiento académico de la Policía Nacional de Colombia, durante los años de gestión del General Oscar Naranjo, experiencia que marcó un hito fundamental en mi vida», declaró al asumir su cargo.
El general Naranjo es considerado un referente en seguridad regional, inteligencia criminal y cooperación contra el crimen organizado. Se espera que su agenda en Argentina incluya reuniones con diversas áreas de las fuerzas federales, aunque el Gobierno nacional aún no ha comunicado los detalles oficiales de sus actividades.
En el plano político colombiano, Naranjo es visto como una figura moderada e institucionalista, alejada de los extremos. Tras descartar su propia candidatura para las elecciones de 2026, anunció su apoyo a Sergio Fajardo, posicionándose como una opción centrada en la reconciliación y la seguridad. En su rol actual como analista, ha sido crítico de las políticas de «mano dura», argumentando que «no son sostenibles en el tiempo y desvalorizan los valores democráticos».
