Ante las dificultades para acceder a créditos hipotecarios tradicionales, desarrolladores y empresas financieras ofrecen esquemas propios para adquirir unidades a estrenar, con plazos y condiciones adaptadas.
En Argentina, el acceso al crédito hipotecario para comprar vivienda sigue siendo complejo. Esta situación se acentúa en el caso de departamentos nuevos o en pozo, ya que el sistema financiero tradicional, basado en préstamos UVA, generalmente los excluye al requerir una escritura para constituir la hipoteca. Esto concentra la oferta crediticia en propiedades usadas.
Paralelamente, se observa una coyuntura particular: mientras el costo de construcción continúa en alza, los precios de las unidades a estrenar no han acompañado ese ritmo, generando oportunidades de compra por debajo del costo de reposición. Según datos de Zonaprop, el valor promedio de publicación para departamentos a estrenar es de US$2934/m², frente a US$3095/m² para unidades en pozo.
Frente a esta brecha entre oferta, demanda y financiamiento bancario, diversas empresas han comenzado a ofrecer soluciones alternativas.
Esquemas de financiación privada
La empresa Allaria, a través de su división inmobiliaria, diseñó un esquema propio. Ofrece dos opciones: financiación de hasta el 60% a 12 años con una tasa del 9,75% anual, o de hasta el 40% a 8 años con una tasa del 8,5% anual. Las cuotas son fijas en dólares y no poseen costos por precancelación. Está dirigido a la clase media con capacidad de pago pero sin acceso al crédito bancario.
La constructora Criba también avanza con planes de financiación directa, con opciones que van desde 12 hasta 120 cuotas y anticipos del 30% al 40%. Los montos financiables son amplios, partiendo desde US$92.000. En algunos proyectos, como Huego 475, existen acuerdos con bancos que permiten condiciones similares a las hipotecarias hasta el momento de la escritura.
Por su parte, la desarrolladora Spazios ofrece plazos más extensos, con financiación de hasta 360 cuotas (30 años) en pesos ajustados por el índice CAC, o planes en dólares de hasta 72 cuotas (6 años). Estos esquemas aplican tanto para unidades en pozo como terminadas, requiriendo principalmente la demostración de ingresos compatibles con la cuota.
Estas nuevas modalidades buscan cubrir un vacío en el mercado crediticio, proporcionando alternativas para un segmento de propiedades que tradicionalmente ha quedado fuera del radar de la banca.
