Tras un frágil cese de hostilidades, expertos evalúan cuatro caminos posibles para la tensión bilateral, que van desde una escalada controlada hasta el riesgo de una confrontación mayor.
Estados Unidos e Irán mantienen un alto el fuego de dos semanas, tras conversaciones mediadas por Pakistán que no lograron avances significativos. En este contexto, coincidiendo con la llegada de una delegación pakistaní a Teherán, se cree que se discute una segunda ronda de diálogo. Sin embargo, un día después de las primeras conversaciones, el presidente estadounidense Donald Trump anunció una nueva estrategia que incluye un bloqueo de puertos iraníes, lo que añade incertidumbre al proceso.
La fragilidad del acuerdo es evidente. Las diferencias en la interpretación de sus términos —como su alcance geográfico o qué constituye una violación— han llevado a observadores a considerarlo más una pausa táctica que un marco duradero. «Las probabilidades de llegar a un acuerdo eran cercanas a cero desde el principio, una vez que comenzó el conflicto», afirmó Behnam Ben Taleblu, investigador de la Fundación para la Defensa de las Democracias.
Las declaraciones contradictorias de ambos bandos han profundizado la desconfianza. Mientras Irán habla de violaciones reiteradas, Estados Unidos e Israel interpretan sus compromisos de forma más restrictiva. Esta divergencia narrativa pone en duda la perdurabilidad del armisticio.
Si los esfuerzos por reanudar las negociaciones fracasan, el alto el fuego podría convertirse en un medio para ganar tiempo, permitiendo a las partes recuperarse y prepararse para una nueva fase. En este escenario, podrían considerarse ataques a infraestructuras críticas, como centrales eléctricas o puentes, aunque con amplias consecuencias humanitarias y riesgo de una respuesta contundente.
Israel, escéptico respecto al diálogo, podría convertirse en un actor influyente, recurriendo a acciones más directas. Además, la política de bloqueo en el estrecho de Ormuz incrementa el riesgo de confrontación, incluso sin una intención explícita.
Un escenario considerado probable por analistas es el de una «escalada controlada», donde el conflicto no alcanza una guerra a gran escala, pero persisten acciones militares limitadas contra infraestructuras u objetivos específicos. El papel de grupos aliados o ‘proxies’ de Irán en la región podría ampliar el alcance geográfico sin aumentar directamente la intensidad, en lo que algunos describen como una «guerra en la sombra».
Si bien una escalada mayor no puede descartarse, sus potenciales costos —como un conflicto regional ampliado y presión económica global— podrían hacerla menos probable a corto plazo. El camino inmediato parece oscilar entre la mesa de diálogo y una tensión militar contenida.
