Un proyecto legislativo propone multiplicar por diez la superficie de la ciudad más austral del mundo, generando un intenso debate entre argumentos de desarrollo económico y advertencias sobre sus impactos ambientales y urbanísticos.
USHUAIA.- Un proyecto presentado en la Legislatura de Tierra del Fuego propone ampliar el ejido municipal de Ushuaia, pasando de las actuales 10.800 hectáreas a más de 115.000, lo que incluiría al poblado de Puerto Almanza. La iniciativa, impulsada por el legislador Juan Carlos Pino (PJ) y apoyada por el intendente Walter Vuoto, busca, según sus promotores, habilitar nuevas rutas y fomentar un circuito económico sostenido con emprendimientos habitacionales, productivos, turísticos y pesqueros.
Sin embargo, la propuesta ha generado una fuerte controversia. Desde distintos sectores se advierte sobre los riesgos ambientales y urbanísticos de una expansión de tal magnitud. El legislador y exintendente Federico Sciurano se manifestó en contra, argumentando que el problema actual de Ushuaia es la falta de planificación e inversión en el tejido urbano existente, no la escasez de territorio.
La fundación Finnova, integrada por fueguinos, sostiene que el argumento del crecimiento poblacional no justifica técnicamente la ampliación. Señalan que, según el plan estratégico más reciente, Ushuaia podría albergar hasta 130.000 habitantes dentro de su ejido actual mediante una densificación ordenada y un mejor aprovechamiento del suelo.
En la misma línea, la arquitecta e investigadora del Conicet, Lucía Fank, explicó que Ushuaia presenta una baja densidad urbana en comparación con otras ciudades patagónicas. «La baja densidad muestra que antes de seguir extendiéndose sobre áreas naturales, la ciudad todavía tiene margen para ordenar, consolidar y aprovechar mejor su trazado actual», afirmó. Según su análisis, una expansión masiva generaría mayores costos de infraestructura, mayor presión ambiental y una mayor dependencia del transporte individual.
Entre los principales impactos ambientales señalados por especialistas consultados se encuentra la posible afectación a turberas, espacios naturales y la red de senderos, como el que conduce a la Laguna Esmeralda. La degradación de estos ecosistemas podría generar liberación de carbono, alteración de drenajes y mayor erosión. Ángeles de la Peña, de la Fundación Por el Mar, remarcó que «impactar o perder turberas no es solo perder un paisaje: sino servicios ecosistémicos irreemplazables».
El debate se enmarca en una discusión más amplia sobre el modelo de desarrollo para la ciudad más austral del mundo, balanceando la necesidad de soluciones habitacionales y económicas con la preservación de sus activos naturales y paisajísticos estratégicos.
