El director del diario español reflexiona sobre el legado del periódico, la situación en Argentina y los desafíos del periodismo frente al poder.
Jan Martínez Ahrens tiene 56 años y dirige El País desde junio del año pasado. Este lunes, junto a sus compañeros en España, América y el resto del mundo, celebrará los 50 años del diario que nació en los últimos años del franquismo y del que pocos auguraban un futuro prometedor. En una entrevista realizada en Madrid, el director repasa la historia del periódico, su experiencia en América y los desafíos actuales del periodismo.
—Ser director de El País en su medio siglo, ¿qué significa para usted?
—Volver a los orígenes del periódico, a una época en la que no estuve, y ver que hay una coincidencia de valores que se ha mantenido estable. Todo ha evolucionado: del papel blanco y negro a las plataformas digitales, pero hay un fondo común: la defensa de la democracia, la tolerancia, la defensa de los débiles y el reparto de la riqueza. Eso augura un futuro de otros cinco años por lo menos.
—Sus últimos años han sido en América. ¿Qué le dejó esa experiencia?
—El País es un periódico global. América es la globalidad. Tenemos seis ediciones en el continente, dos en Estados Unidos (una en inglés y otra en español). Escribimos para lectores de Monterrey, Buenos Aires, Mendoza, Barcelona o San Diego. Vamos a donde ocurren las noticias, anteponiendo el dato al prejuicio.
—¿Cómo ve a Argentina desde su perspectiva actual?
—Argentina siempre ha sido fuerte en términos políticos. Ahora vive una época compleja, con una presidencia que representa valores negativos porque fomenta el odio al otro, al diferente. Esa semilla del odio es terrible. En Europa tenemos experiencia de cómo el odio, si viene del poder, se multiplica. Argentina tiene una situación económica complicada, con inflación insoportable, y de ahí se ha derivado a un gobierno con extremos peligrosos.
—¿Qué peligros ve para América en lo que ocurre en Estados Unidos?
—Estados Unidos ha sido un país aspiracional, referente de democracia y libertades. Pero esa sociedad se transforma: hay oligarquías económicas fortísimas y un poder que muestra poco respeto al juego democrático. En el exterior fomenta guerras y pisotea la legalidad internacional, maltratando a socios democráticos como España, México o Canadá. Esto envalentona a las fuerzas más radicales y ultraderechistas.
—¿Cómo afecta al periodismo la forma en que Trump maneja la información?
—El periodismo serio es acosado desde el poder sin tapujos. Se denigra a los medios, programas legendarios cambian de dirección por presiones, cadenas de televisión tambalean. Ya no se puede ni reír del poder en un país donde eso era signo de salud democrática. El periodismo vive una época de resistencia, pero también se hace grande en momentos como este.
