Una reflexión sobre la importancia de adaptarse en lo superficial y mantenerse firme en los valores éticos, inspirada en el pensamiento del padre fundador estadounidense.
Las modas, tanto en vestimenta como en costumbres, cambian con el tiempo y es posible adaptarse a ellas. Sin embargo, hay algo en lo que conviene mantenerse con firmeza: los valores éticos y las convicciones morales. Esta dualidad refleja una idea fundamental del pensamiento ilustrado: la capacidad de adaptarse sin renunciar a la integridad. En términos prácticos, ser tolerante y abierto en lo accesorio, pero firme y coherente en aquello que define la identidad personal.
La frase, más bien una paráfrasis, resume las ideas de Thomas Jefferson, uno de los mayores exponentes de la Ilustración en América. Él defendía que los gobiernos deben proteger los derechos de las personas y que el poder surge del consentimiento de los gobernados. En la Declaración de la Independencia, cuyo borrador redactó como autor principal, Jefferson expresa: “Todos los hombres son creados iguales y dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables. Para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados”. Agrega que “cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad”.
Thomas Jefferson (1743-1826) nació en Shadwell (Virginia) en una familia acomodada de agricultores y, desde joven, mostró gran interés por el conocimiento, estudiando derecho, filosofía, ciencias y lenguas clásicas. Alcanzó notoriedad como principal autor de la Declaración de Independencia. Sus ideas reflejan la influencia de pensadores europeos como John Locke. A lo largo de su carrera, desempeñó diversos cargos públicos: fue gobernador de Virginia, embajador en Francia y secretario de Estado bajo la presidencia de George Washington. Mientras era secretario de Estado, tuvo varios encontronazos con el secretario del Tesoro, Alexander Hamilton. Hamilton deseaba un gobierno nacional poderoso que estuviera a la par de los imperios europeos. Sus planes concentraban el dinero y la influencia en el Norte a expensas del Sur agrario. Esta fue la base de su rivalidad con Jefferson, la cual tuvo un gran impacto en el desarrollo político del país. Luego, Jefferson fue vicepresidente con John Adams y, entre 1801 y 1809, el tercer presidente de Estados Unidos. Durante su presidencia, destacó por la Compra de Luisiana, una operación que duplicó el territorio del país y facilitó su expansión hacia el oeste. Además, promovió ideales republicanos basados en la autonomía de los ciudadanos y la limitación del poder central, tal como había expresado en la Declaración de Independencia. Más allá de la política, fue un intelectual polifacético, porque se desempeñó como arquitecto, inventor y fundador de la Universidad de Virginia.
