Gabriela Norese, experimentada buceadora argentina, relata su fascinante inmersión en el Mar de Cortés, donde un lobo marino la invitó a jugar, y comparte su pasión por el buceo.
“El hombre lleva el peso de la gravedad en sus hombros. Sólo tiene que bajar al fondo del mar para sentirse libre”. La frase, del famoso oceanógrafo Jacques Cousteau, cobra vida para Gabriela Norese, una buceadora argentina que encontró en el océano una nueva forma de libertad.
Uno de sus destinos más recientes fue el llamado “Acuario del mundo”, nombre acuñado por el propio Cousteau para el Mar de Cortés, en México. Allí, un inesperado compañero de buceo la sorprendió: un lobo marino que la “invitó a jugar” tomándola de la aleta.
El inicio de una pasión
Norese, médica oncóloga de profesión, comenzó en el buceo hace siete años, después de superar sus propios miedos. “Creía que no iba a poder respirar bajo el agua”, confiesa. Junto a su esposo, Leonardo Schiano, eligió el Centro de Buceo Sur, de Ricardo Carrio, para formarse. Su primera inmersión la realizó en una pileta, donde encontró la contención necesaria para perder el temor.
Tras certificarse como buzo SSI y SDI en las aguas de Angra Dos Reis, Brasil, Norese describe aquel momento como una revelación: “Una tortuga se posó junto a mí y me sentí una más en ese universo submarino. Desconecté completamente con la superficie”.
Buceando por el mundo
Con más de 150 inmersiones en su haber, ha explorado desde naufragios de la Segunda Guerra Mundial en el Mar Rojo hasta cenotes en México, pasando por Puerto Madryn y Maldivas. Para ella, el buceo es seguro cuando se realiza con conocimiento y en compañía. “Se piensa en tiburones, pero el conocimiento te enseña a respetar el ambiente y manejar los encuentros”, explica.
La experiencia en el “Acuario del mundo”
En octubre de 2025, la pareja viajó a La Paz, Baja California. “Sumergirte ahí es como vivir la película ‘Buscando a Nemo’, pero con la posibilidad de interactuar con ellos”, relata. Durante la inmersión, un lobo marino la tomó de la aleta y la llevó hacia un grupo de estos animales. “Son como cachorros de perro, les llaman la atención las burbujas y buscan que juegues con ellos”, agrega.
El viaje también incluyó avistamientos de tiburón ballena, tiburón martillo, delfines y tortugas. “Fue la primera vez que fuimos al ‘Acuario del Mundo’ y no será la última”, asegura.
El buceo como desconexión
Norese destaca que el buceo es una actividad apta para todas las edades, aunque aún predominan los hombres en áreas técnicas. Sin embargo, cada vez más mujeres se animan a practicarlo. “Es una desconexión total de la rutina. Nadie habla de su trabajo, solo se comparte la pasión por el mar”, concluye.
