A un año del incendio forestal en Confluencia, Río Negro y el Conicet ejecutan un plan de restauración que incluye extracción de especies invasoras y monitoreo científico.
San Carlos de Bariloche. A un año del incendio forestal en la zona de Confluencia, que afectó más de 2.500 hectáreas dentro del Área Natural Protegida Río Azul–Lago Escondido (Anprale), la provincia de Río Negro y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) ejecutan un plan de restauración ecológica.
El trabajo combina intervención directa en el territorio con lineamientos científicos para la recuperación del bosque andino frente a especies invasoras y el cambio climático.
La Secretaría de Ambiente y Cambio Climático, junto con el Servicio de Prevención y Lucha contra Incendios Forestales (Splif) y pobladores locales, lleva adelante una prueba piloto de intervención en sectores críticos donde se detectó una regeneración masiva de pino insigne (Pinus radiata). Esta especie exótica invasora aprovecha las condiciones posincendio para dispersarse y desplaza al bosque nativo, aumentando el riesgo de futuros incendios.
Las tareas incluyen la extracción manual y el monitoreo permanente de tres hectáreas para favorecer la recuperación progresiva del ecosistema original. El proceso se apoya en el “Informe final Anprale-Diagnóstico inicial y lineamientos post-incendio”, elaborado por especialistas del Conicet.
Juan Paritsis, investigador en el Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (Inibioma, Conicet-Universidad Nacional del Comahue), explicó que la vegetación es “resistente” cuando es menos propensa a quemarse, mientras que la resiliencia es su capacidad de volver a establecerse tras el fuego. Los matorrales son muy resilientes, pero los bosques de lenga tienen baja resistencia y baja resiliencia.
El biólogo Javier Grosfeld, profesional de Apoyo del Conicet Patagonia Norte, señaló que, cuando la degradación es menor, se aplica una restauración pasiva. En zonas muy afectadas, como Confluencia, es necesaria una restauración activa: una intervención humana que “subsidie” la recuperación.
El investigador Mario Pastorino, del Instituto de Investigaciones Forestales y Agropecuarias Bariloche (IFAB, Conicet-INTA), advirtió sobre la importancia de respetar los acervos genéticos. No es recomendable usar plantines de lenga de Tierra del Fuego para restaurar un bosque en el norte de la Patagonia, ya que las poblaciones están adaptadas a sus sitios específicos.
Tras la construcción de nuevas pasarelas sobre el Río Azul, el Anprale reabrió a finales de noviembre pasado con condiciones de ingreso y aforos limitados. La decisión se tomó a 10 meses del incendio, que afectó unas 3.800 hectáreas (2.500 de bosque nativo, el resto plantaciones forestales, humedales y chacras) y damnificó 220 viviendas.
Thomas Kitzberger, investigador en el Inibioma y coordinador del grupo que cuantificó la severidad del incendio, sostuvo que el fuego fue particular por afectar ambientes naturales y propagarse hacia una interfase rural-boscosa, con gran velocidad de propagación.
El proyecto piloto comenzó en abril con relevamientos y monitoreos iniciales. Las autoridades provinciales indicaron que la iniciativa permitirá generar información técnica para futuras acciones de control y brindar recomendaciones a pobladores y comunidades de la región.
