Un periodista relata cómo una pregunta casual en una farmacia lo llevó a reflexionar sobre el paso del tiempo y los signos del envejecimiento, desde cambios físicos hasta la percepción social de la edad.
El periodista y escritor Gustavo Menéndez (Villa de Merlo, 62 años) narró en primera persona una experiencia ocurrida en una farmacia local, donde una empleada le preguntó: “¿Tiene PAMI, usted, no?”. El hecho, ocurrido hace varios años, lo llevó a reflexionar sobre el proceso de envejecimiento y cómo la sociedad lo percibe.
Según relató, la consulta se produjo mientras retiraba un medicamento para la presión arterial. “Ni dudó. Lo dijo como quien comenta si va a llover”, escribió. El autor señaló que en ese momento sintió que había dejado de ser joven, a pesar de que aún faltaban años para su jubilación.
Menéndez describió cómo, a partir de entonces, comenzó a notar señales del envejecimiento en su cuerpo: ruidos en las articulaciones, un pitido constante en los oídos desde la pandemia y demoras en la recuperación física. “No es dolor. Es demora. Y en esa demora está escrita mi edad real”, afirmó.
También mencionó situaciones sociales donde la edad fue malinterpretada, como cuando una moza confundió a su acompañante con su hija en un café. “No me dolió tanto la confusión como la naturalidad con que ocurrió”, indicó.
El periodista, que dirige el medio digital infomerlo.com desde hace quince años, afirmó que nunca permite que sus redactores usen términos como “anciano” o “sexagenario”. Prefiere la expresión “adultos mayores”, aunque la considera “sobrevalorada”.
Menéndez explicó que su estrategia para enfrentar el paso del tiempo es trabajar. “Más que a los treinta o los cuarenta. Eso le dije al kinesiólogo cuando quiso saber cómo me mantenía”, relató. Sin embargo, admitió que el cuerpo eventualmente se mueve por su cuenta.
El autor citó al escritor Gabriel García Márquez, quien escribió que un hombre sabe que envejece cuando empieza a parecerse a su padre. “Yo lo descubrí tirado en una colchoneta”, dijo Menéndez, y agregó que ahora piensa en la muerte como algo posible, no solo literario.
Finalmente, relató que tiempo después volvió a la misma farmacia, ya jubilado. Otra empleada, que lo conocía del gimnasio, le dijo: “Pensé que todavía te faltaba para jubilarte. Te ves bien”.
