La psicóloga Corinne Massur aborda en Psychology Today los pasos y actitudes concretas para que cualquier familia, sin importar sus creencias, pueda formar en valores éticos y morales desde la primera infancia.
La psicóloga Corinne Massur aborda un interrogante frecuente entre madres y padres: cómo enseñar a un niño a distinguir entre el bien y el mal. Lejos de proponer fórmulas complejas o enfoques exclusivos para personas religiosas, su planteo parte de la base de que cualquier familia, con independencia de sus creencias, puede formar en valores éticos y morales sólidos desde la primera infancia. Así lo explica en una publicación reciente de Psychology Today, donde describe los pasos y actitudes concretas que ayudan a los niños a desarrollar este discernimiento.
El desafío de educar para la ética suele surgir en medio del ajetreo cotidiano, cuando muchas veces las urgencias desplazan la reflexión sobre el carácter y la conducta. La transmisión de valores fundamentales puede y debe comenzar en el hogar, a través de la relación directa entre adultos y niños.
Desde los primeros años de vida, los padres tienen la posibilidad de sentar las bases de la ética en casa. Según la psicóloga, esa tarea comienza mucho antes de los razonamientos abstractos: se inicia en la práctica cotidiana de la empatía, la compasión y el respeto. El ejemplo de los adultos, afirma, es la principal vía por la que los niños aprenden lo que está bien y lo que está mal.
La mejor forma de guiar a los niños
El primer paso es comprender que los niños observan y absorben las actitudes de quienes los rodean. Massur sostiene que la empatía, la compasión y el respeto se originan en las primeras relaciones. Cuando los padres demuestran estas cualidades y exigen honestidad, humildad y amor en el trato cotidiano, los niños incorporan esas pautas como referencias para su conducta futura.
A partir de los dos o tres años, los adultos pueden iniciar conversaciones sencillas sobre la manera de tratar a los demás. La psicóloga recomienda introducir la llamada “Regla de Oro”, que consiste en tratar a los demás como nos gustaría ser tratados. Este principio, destaca Massur, no es exclusivo de ninguna religión y aparece en tradiciones de todo el mundo. Confucio, el profeta Mahoma y el sabio Hillel, entre otros, expresaron ideas similares siglos antes del cristianismo. Incluso los niños pequeños pueden empezar a comprender el sentido de este concepto universal.
Según la autora, familiarizar a los niños con la Regla de Oro permite que internalicen una pauta de conducta aplicable a diversas situaciones. Tratar a los demás como quisiéramos ser tratados ofrece una referencia clara y sencilla para evaluar comportamientos y tomar decisiones desde temprana edad.
Herramientas prácticas de la experta
A medida que los niños crecen, la psicóloga recomienda sumar herramientas que les permitan reflexionar sobre sus acciones. Un recurso clave es la mentalización, que consiste en invitar al niño a considerar cómo sus actos afectan a los demás. Preguntas como “¿Cómo crees que lo que hiciste hizo sentir a la otra persona?” ayudan a desarrollar la capacidad de ponerse en el lugar del otro y evaluar el impacto de las propias decisiones.
Massur sugiere que los padres pueden compartir experiencias personales en las que hayan cometido errores y luego reflexionaron sobre ellos. Esta apertura fomenta la autorreflexión y transmite la idea de que aprender del arrepentimiento es parte del proceso de crecimiento moral. Hablar sobre el proceso mental que llevó a una determinada conducta, y sobre el aprendizaje posterior, brinda a los niños un modelo concreto de cómo analizar y mejorar su comportamiento.
Enseñar a distinguir entre el bien y el mal no requiere una afiliación religiosa ni conocimientos especializados. La guía consiste en ayudar a los niños a evaluar sus propias acciones y ofrecer criterios sencillos para que puedan discernir si lo que han hecho fue la mejor opción posible. El acompañamiento atento y el diálogo abierto son, para la psicóloga, las herramientas esenciales para construir una base ética sólida desde la infancia.
