Especialistas señalan que la decisión de priorizar el inglés en la organización del torneo, coorganizado por México, Estados Unidos y Canadá, impacta en la representación cultural y lingüística del país anfitrión.
La organización del Mundial de fútbol de 2026, que se celebrará en México, Estados Unidos y Canadá, ha abierto un debate sobre el idioma utilizado en la comunicación oficial del evento. El Dr. César Villanueva Rivas, especialista en diplomacia cultural de la Universidad Iberoamericana, sostuvo que el uso predominante del inglés en la comunicación oficial del torneo relega al español, lengua materna de más de 120 millones de personas en México.
Según el académico, esta situación transforma a México en un “escenario pintoresco” en lugar de un protagonista de su propio relato. “¿Quién tiene derecho a nombrar lo que ocurre en su propia casa?”, preguntó Villanueva Rivas. El investigador afirmó que la elección del idioma en un evento global no es neutra: “Quien decide en qué idioma se anuncia un gol, se redacta una norma o se nombra una sede, decide también quién se siente parte del evento y quién se siente visitante en su propia ciudad”.
El español es la segunda lengua materna más hablada del mundo. Villanueva Rivas calificó como “no querer ver lo obvio” la minimización del español en el evento. El argumento oficial para priorizar el inglés, según el especialista, suele basarse en alcance de mercado, facilidad operativa y patrocinadores. Sin embargo, sostuvo que la hegemonía del inglés responde a una estrategia de poder suave, según la definición del politólogo Joseph Nye, que impone reglas y narrativas percibidas como universales.
El Mundial de 2026 es coorganizado por México, Estados Unidos y Canadá. Villanueva Rivas señaló que esta situación representa una negociación implícita en la que el español queda en desventaja, y que “Norteamérica, en buena medida, habla español”. El académico también se refirió a la ceremonia inaugural del torneo, que consideró una muestra de estereotipos y lugares comunes. “El riesgo es que el país quede confinado a la función de fondo exótico, sin voz ni capacidad de hablar por sí mismo”, afirmó.
Villanueva Rivas indicó que la diplomacia cultural no es un asunto exclusivo de cancillerías, y que el reto consiste en articular una agenda propia con presencia real del español y programación cultural autónoma. Citó la experiencia de los Juegos Olímpicos de 1968 como ejemplo de construcción de una narrativa nacional potente. El Mundial 2026 reúne a naciones hispanohablantes como Argentina, Colombia, Ecuador, España, Paraguay, Uruguay, Chile y México, además de más de setenta millones de hispanohablantes en Estados Unidos y Canadá.
“Me apena decir que una nación que presta sus estadios sin negociar sus condiciones materiales y la narrativa que quiere presentar, no está siendo un anfitrión real. Es más bien un ‘socio-sede’ con fines meramente comerciales”, concluyó el especialista.
