Proyecciones privadas indican que eliminar los impuestos más distorsivos sin afectar el equilibrio fiscal llevará más de una década.
A fines de 2024, el Gobierno derogó el impuesto PAIS, creado en 2019, y anunció una reforma impositiva estructural destinada a eliminar los tributos más distorsivos para la actividad económica, incluidas las retenciones a las exportaciones agrícolas. El presidente Javier Milei afirmó que el objetivo es reducir a seis los impuestos nacionales que concentran la mayor parte de la recaudación y devolver a las provincias la autonomía impositiva.
Según el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), en 2026 rigen 150 impuestos y tasas en Argentina: 27 nacionales, 40 provinciales y 83 municipales. La presión tributaria efectiva (PTE) bajó de 22,6% del PBI en 2023 a 21,5% en 2025, y se proyecta que en 2026 sea de 20,8%, el nivel más bajo desde 2006.
Nadin Argañaraz, presidente del Iaraf, explicó que la disminución de la presión tributaria nacional se reflejó principalmente en los impuestos al comercio exterior. Además de la eliminación del impuesto PAIS, se redujo la incidencia de los derechos de exportación, de importación y la tasa de estadística. La presión tributaria efectiva de estos gravámenes disminuiría de 2,29% del PBI en 2023 a 1,34% en 2026.
En 2025 fueron derogados cinco impuestos internos de jurisdicción nacional: a la compra de automotores, embarcaciones de recreo, seguros, objetos suntuarios y servicios de telefonía.
Un informe de la Fundación Mediterránea (Ieral), elaborado por Osvaldo Giordano, estima que llevará más de una década eliminar los impuestos distorsivos sin poner en riesgo el equilibrio fiscal. Según Giordano, aun suponiendo un crecimiento real sostenido de 3,3% anual, la Nación necesitaría 11 años para eliminar las retenciones y el impuesto al cheque. En las principales provincias, el plazo para remover Ingresos Brutos y Sellos oscilaría entre 14 y casi 20 años.
Giordano sostiene que la austeridad fiscal no alcanza por sí sola y propone avanzar hacia un esquema tipo “Súper IVA”, que permitiría recaudar lo mismo con un impuesto más neutral, transparente y fácil de controlar. También sugiere eliminar los derechos de exportación si se cobraran mejor los impuestos a las Ganancias y Bienes Personales.
El tributarista César Litvin señaló que los impuestos más distorsivos son Ingresos Brutos (IIBB), el Impuesto a los Créditos y Débitos Bancarios (ICDB) y los derechos de exportación. Cuestionó que miles de empresas sean acreedoras involuntarias de los fiscos provinciales por la acumulación de saldos a favor en IIBB y que la recuperación de esos fondos implique un laberinto burocrático.
La superposición de impuestos distorsivos también afecta al sistema financiero, encareciendo el costo del crédito. Un informe encargado por la Asociación de Bancos Argentinos (Adeba) a la Fundación Mediterránea señala que, en la composición del costo financiero total de préstamos personales, la carga tributaria puede equiparar o superar una tasa de 50% anual.
