Nuevas investigaciones vinculan el consumo regular de alimentos fermentados como el yogur con una microbiota intestinal más diversa y saludable.
Buenos Aires, 18 de agosto (NA) – Durante décadas, la prevención de las enfermedades crónicas estuvo asociada principalmente al control de factores como el tabaquismo, el sedentarismo, la hipertensión arterial o el exceso de peso. En los últimos años, la microbiota intestinal comenzó a ganar protagonismo como objeto de estudio.
Según un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas, existe consenso científico sobre que los billones de microorganismos que habitan el intestino cumplen funciones clave en la regulación inmunológica y metabólica.
Los investigadores se preguntaron si desarrollar una microbiota intestinal más diversa y saludable, mediante el consumo de microorganismos vivos beneficiosos a través de la alimentación, podría representar una herramienta preventiva frente a enfermedades crónicas. Diversos estudios publicados en los últimos años muestran que el consumo habitual de alimentos fermentados se asocia con una mayor diversidad de la microbiota intestinal, considerada un indicador de salud digestiva y metabólica.
También se encontraron asociaciones entre la ingesta de estos alimentos y un menor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, obesidad y diabetes tipo 2, además de una mejor función inmunológica y metabólica.
Entre los alimentos fermentados, el yogur ocupa un lugar destacado. Se elabora mediante la fermentación de leche con bacterias vivas, principalmente Lactobacillus delbrueckii subsp. bulgaricus y Streptococcus thermophilus. Algunos productos incluyen cepas probióticas adicionales, como Lactobacillus casei o Bifidobacterium lactis. El yogur aporta calcio, proteínas de alto valor biológico y otros nutrientes esenciales.
Quienes consumen yogur regularmente presentan perfiles metabólicos más favorables, con menor obesidad abdominal y cambios positivos en la composición de la microbiota.
La Dra. Andrea González, integrante de PROFENI y jefa del Departamento de Alimentación del Hospital de Gastroenterología ‘Dr. C. Bonorino Udaondo’, señaló: “Durante mucho tiempo hablamos de nutrientes aislados. Hoy la ciencia está avanzando hacia una mirada más integral, que contempla cómo los alimentos interactúan con la microbiota intestinal y cómo esa relación puede influir sobre la salud a largo plazo. Los alimentos fermentados están ocupando un lugar cada vez más relevante dentro de esa nueva perspectiva”.
Uno de los conceptos emergentes es la denominada ‘dosis diaria de microorganismos vivos’. Distintos especialistas proponen promover una ingesta regular de microorganismos vivos a través de la alimentación.
Un análisis realizado sobre más de 27 mil participantes mostró que una mayor ingesta de alimentos con microorganismos vivos se asoció con mejores indicadores cardiometabólicos, incluyendo niveles más favorables de presión arterial, glucemia, insulina, triglicéridos, colesterol HDL y perímetro de cintura.
Un metaanálisis reciente de 14 estudios realizados en Estados Unidos, Reino Unido, Países Bajos, España, Australia y Japón, con 483.090 personas, encontró una reducción del 7% en el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 por cada aumento de 50 g de yogur consumido diariamente.
María Elena Torresani, doctora en Nutrición y directora de la Carrera de Especialistas en Nutrición con orientación en Obesidad de la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), explicó: “Lo interesante es que los beneficios observados no parecen explicarse únicamente por los nutrientes presentes en estos alimentos, sino también por la presencia de microorganismos vivos y por su interacción con la microbiota intestinal. Esto abre una línea de investigación muy prometedora para comprender mejor cómo prevenir enfermedades crónicas desde etapas tempranas de la vida”.
La disminución del riesgo de enfermedades crónicas asociada al consumo habitual de yogur podría explicarse, en parte, porque favorece una microbiota intestinal saludable, lo que estimula la producción de butirato, un ácido graso de cadena corta que ayuda a mantener la barrera intestinal, reduce la inflamación y contribuye a preservar el equilibrio del sistema inmunológico.
La Dra. Mónica Katz, médica especialista en Nutrición y expresidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición, manifestó: “La relación entre la microbiota y las enfermedades crónicas es hoy uno de los campos más dinámicos de investigación en nutrición. Se sabe que una microbiota intestinal diversa y saludable se asocia con una mejor regulación de procesos inflamatorios, inmunológicos y metabólicos, factores estrechamente vinculados con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y otras condiciones crónicas no transmisibles”.
En cuanto a otros alimentos fermentados, como la kombucha o el kéfir, se desaconseja su ingesta en la infancia porque generan trazas de alcohol en su proceso de fermentación y no existe límite seguro de ingesta en Pediatría.
