Investigaciones geológicas confirmaron la existencia de fragmentos de corteza continental antigua bajo la isla de Mauritia, en el océano Índico. El hallazgo, basado en el análisis de minerales de circonio, sugiere que una masa terrestre de miles de millones de años quedó sumergida durante la separación de las placas tectónicas.
Durante millones de años, los movimientos de las placas tectónicas transformaron la superficie terrestre. Continentes que alguna vez estuvieron unidos se separaron y fragmentos de corteza quedaron atrapados bajo los océanos. Uno de esos casos se encuentra en el océano Índico y recibe el nombre de Mauritia.
La historia de Mauritia está relacionada con una masa continental que se encontraba entre Madagascar y la India. Con el tiempo, los movimientos tectónicos fragmentaron esa región y parte de la corteza continental quedó sumergida bajo el océano.
Investigaciones geológicas realizadas en los últimos años permitieron encontrar evidencias de que esos restos no pertenecen a la joven corteza oceánica que rodea a la isla de Mauritia. Una de las principales pistas apareció en minerales conocidos como circones.
Estos cristales son útiles para los geólogos porque conservan información sobre las rocas en las que se formaron y permiten determinar su antigüedad mediante técnicas de datación.
En 2013, investigadores analizaron circones encontrados en arenas de playas de Mauritia y descubrieron que algunos tenían edades correspondientes al Precámbrico, muy anteriores a la formación de la isla. Los resultados apuntaron a la existencia de fragmentos de corteza continental antigua debajo de Mauritia.
La evidencia fue reforzada en 2017, cuando un equipo dirigido por Lewis Ashwal encontró circones aún más antiguos directamente dentro de rocas volcánicas de Mauritia. Algunos tenían entre 2.500 y 3.000 millones de años.
El hallazgo resultó significativo porque la actividad volcánica que formó la isla es mucho más reciente. Los investigadores concluyeron que el magma había atravesado materiales pertenecientes a una corteza continental extremadamente antigua y los había incorporado a las rocas volcánicas.
Los científicos creen que Mauritia formaba parte de una región continental mayor relacionada con Madagascar y la India. Su fragmentación se produjo durante la evolución tectónica del océano Índico, cuando las placas comenzaron a separarse.
Según las reconstrucciones geológicas, entre aproximadamente 83 y 61 millones de años atrás, la apertura de la cuenca de Mascarene contribuyó a separar y fragmentar esta antigua masa continental. Los restos quedaron distribuidos en distintas zonas del océano Índico, algunos asociados con el actual entorno de Mauritia y otros con regiones submarinas cercanas.
Con el paso del tiempo, las erupciones volcánicas cubrieron parte de esos fragmentos y dieron origen a las islas y estructuras volcánicas que hoy se conocen. Mauritia es una isla volcánica mucho más joven que la corteza continental que se encuentra debajo de ella.
El descubrimiento de Mauritia también puso en circulación una comparación con Lemuria, un supuesto continente perdido que apareció en teorías científicas del siglo XIX. Sin embargo, ambos conceptos no deben confundirse. Lemuria fue propuesta antes de que la teoría moderna de la tectónica de placas explicara cómo se desplazan los continentes.
Mauritia, en cambio, surge de investigaciones geológicas y geofísicas que identificaron fragmentos de corteza continental antigua bajo el océano Índico. Por eso, los científicos pueden hablar de una masa continental fragmentada y parcialmente sumergida, pero no de una “Lemuria” perdida en el sentido de la antigua hipótesis.
La investigación sobre Mauritia ofrece una mirada diferente sobre la historia de la Tierra. Los continentes no siempre se separan de manera limpia; durante millones de años, las fuerzas tectónicas pueden estirar, fracturar y dispersar enormes bloques de corteza.
En el caso de Mauritia, los restos de aquella antigua masa continental permanecen ocultos bajo el océano Índico. Los circones encontrados en Mauritia funcionan como una cápsula del tiempo geológica, ya que conservan información de materiales formados hace miles de millones de años.
Más que la existencia de una misteriosa ciudad o civilización desaparecida, el verdadero misterio de Mauritia está en su propia geología: fragmentos de un mundo antiguo continúan enterrados bajo el océano y permiten reconstruir cómo la Tierra cambió durante millones de años.
