Más de 5 millones de escolares reciben alimentos en el país bajo un esquema descentralizado que enfrenta problemas de calidad nutricional, financiamiento y gestión.
La alimentación escolar constituye una de las políticas nutricionales de mayor trayectoria en Argentina, aunque su implementación presenta características heterogéneas y limitaciones estructurales que persisten desde hace décadas.
Según datos oficiales, más de 5 millones de estudiantes asisten a casi 25.000 escuelas donde reciben alguna comida. El sistema se encuentra mayormente descentralizado: cada establecimiento gestiona su servicio de alimentación, lo que genera diferencias en la calidad y en la operación diaria.
Financiamiento y costos
El financiamiento del programa proviene de dos fuentes: la Nación distribuye a las provincias $173.000 millones anuales (presupuesto 2026), complementados con partidas locales de magnitud variable. Por ejemplo, en Buenos Aires las transferencias diarias por alumno alcanzan los $715 para desayuno y $1.478 para almuerzo; en Entre Ríos, $1.700 para ambas comidas; y en Neuquén, $356 para desayuno y $1.028 para almuerzo.
Según un relevamiento de CEPEA (julio 2026, precios de CABA y solo alimentos), un desayuno saludable tiene un costo mínimo de entre $900 y $1.100, dependiendo de si incluye fruta, mientras que un almuerzo asciende a $1.600. Estos valores superan las transferencias recibidas en varias jurisdicciones.
Problemas de gestión y nutrición
La gestión descentralizada presenta limitaciones como compras dispersas sin economías de escala, infraestructura y logística heterogéneas, escasa trazabilidad, calidad nutricional desigual, poca capacitación del personal y debilidades en monitoreo, auditoría y evaluación. Estas características reflejan la ausencia de un marco normativo estricto, más que una adaptación a contextos provinciales diversos.
El diseño nutricional actual se basa en un paradigma orientado a combatir la desnutrición, mientras que la epidemiología actual muestra predominio de sobrepeso, obesidad y déficit de micronutrientes. Un estudio de CEPEA sobre 250 prestaciones en 5 provincias halló que el sistema escolar aportaba en promedio 30% de la energía diaria, pero 60% y 72% del límite máximo de azúcar y calorías “vacías”, con escasa oferta de frutas, verduras, legumbres y lácteos.
La Encuesta Nacional de Nutrición (2019) indica que 4 de cada 10 escolares tienen exceso de peso, ingesta insuficiente de calcio, vitaminas D, A, C y B9, y excesos de calorías, azúcares y sodio. Además, el 62% presenta una dieta poco diversa y solo un tercio de sus alimentos son de alta calidad, cuando el valor recomendado es el doble.
Propuestas de cambio
Especialistas plantean la necesidad de establecer metas nutricionales científicamente definidas y menús elaborados bajo el concepto de “dieta total”, que considere la escuela como complemento sin agravar los déficits de la dieta hogareña. Se sugiere priorizar los desayunos por ser un vehículo más trazable de nutrientes esenciales deficitarios.
Frente a la fragmentación actual, se considera necesaria una fuerte rectoría estatal que incluya estándares comunes de calidad bromatológica, sistemas de información en tiempo real digitalizados y georreferenciados, capacitación del personal y evaluación de resultados. El contraste es evidente entre las metas débiles y la gestión heterogénea actuales, y un modelo que exige estándares verificables, trazabilidad y una institucionalidad clara.
