La investigación, publicada en Nature Medicine, analizó muestras de plasma de 4.263 donantes y estableció tres etapas biológicas diferenciadas. El estudio identifica a las proteínas como marcadores clave del proceso.
Un estudio publicado en la revista Nature Medicine por especialistas de la Universidad de Stanford estableció que el envejecimiento biológico del organismo humano comienza a los 34 años. La investigación analizó el plasma sanguíneo de 4.263 donantes de entre 18 y 95 años.
El equipo científico, liderado por el investigador Tony Wyss-Coray, se centró en las proteínas presentes en el plasma. Según explicó el autor del trabajo: «Las proteínas son los caballos de batalla de las células constituyentes del cuerpo y cuando sus niveles relativos experimentan cambios sustanciales, significa que vos también cambiaste».
Tras examinar más de 3.000 proteínas distintas en cada participante, se identificó que 1.379 de ellas presentaban variaciones significativas según la edad cronológica. Los científicos determinaron que con el monitoreo de 373 de estas proteínas es posible predecir con alta exactitud la edad de un individuo.
El estudio categoriza el proceso de envejecimiento en tres etapas biológicas. La primera, denominada edad adulta, comprende desde los 34 hasta los 60 años. La segunda, madurez tardía, abarca de 60 a 78 años. La tercera, vejez, se inicia a partir de los 78 años.
De acuerdo con la investigación, este fenómeno está vinculado a una disminución en la capacidad del organismo para reparar el ácido desoxirribonucleico (ADN), lo que altera la función de los tejidos. El modelo introdujo el concepto de brecha de edad, una medida que compara la edad biológica de una persona respecto a sus pares según su perfil molecular.
Entre los signos detectados en los participantes, Wyss-Coray señaló el debilitamiento de la estructura ósea, la pérdida de masa muscular y una reducción en la movilidad. Además, mencionó el metabolismo más lento, la disminución en la capacidad auditiva y visual, la aparición de arrugas y manchas en la piel, y la pérdida de agilidad mental al recordar información cotidiana.
Según el investigador, a medida que avanzan estas etapas, la producción de proteínas disminuye constantemente, lo que refleja el deterioro estructural del organismo. El hallazgo permite comprender la vejez como una transformación molecular previsible que comienza antes de los síntomas externos evidentes.
