Una lectora describió en una carta la modificación de hábitos cotidianos, como evitar salir de noche y reducir el tiempo de ingreso a los domicilios, ante robos ocurridos en el barrio. Otras misivas abordan la educación pública y el rol docente.
Una carta enviada al diario Clarín por Ariadna Zoe Moreno, residente de Villa Ballester, provincia de Buenos Aires, relata cambios en las costumbres diarias de los habitantes ante hechos de inseguridad. La autora menciona que, en distintos momentos, se indicó a los vecinos no salir de noche y luego tampoco de día, y que posteriormente se produjeron ingresos a viviendas. También describe la pérdida de pertenencias como teléfonos celulares, mochilas, automóviles y casas, y la necesidad de abandonar el hogar en un caso.
Moreno señala que los residentes duermen con los sentidos alerta y que la preocupación persiste. Plantea interrogantes sobre quién puede descansar con seguridad y relata que evita mirar televisión por el sufrimiento ajeno, aunque luego advierte que los hechos ocurren en la misma cuadra. Menciona la práctica de calcular el tiempo mínimo para ingresar a casa desde el auto y la incertidumbre sobre el día siguiente.
Otra misiva, firmada por Roberto A. Meneghini, hace referencia a daños intencionales durante una reciente marcha universitaria, atribuidos a sectores políticos ajenos al movimiento estudiantil. El autor pregunta cuándo los organizadores tomarán conciencia de que sus convocatorias pueden ser utilizadas por personas ajenas a los objetivos, o si lo consienten.
Por su parte, Francisco Sciaky sostiene que una sociedad que deja de valorar a sus docentes compromete su futuro. Afirma que la escuela fue un espacio de formación ciudadana, convivencia y respeto, y que hoy preocupa que la palabra del maestro sea cuestionada y que enseñar se convierta en una tarea atravesada por conflictos ajenos al aprendizaje. Añade que defender la educación exige recuperar el compromiso de las familias y reconocer la tarea docente.
Fernando Miranda escribe que la educación pública comienza con Mitre y la generación del 80, y culmina con la Universidad. Señala que la UBA fue fundada en 1821 y nacionalizada a partir de 1871, y que su primer rector fue Nicolás Avellaneda, ministro de Educación de Sarmiento y presidente de la República.
Adolfo Ortiz expresa que quienes fueron educados en los valores de San Martín, Belgrano y Pueyrredón aspiran a cumplir los sueños de esos héroes: una Nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común, con diálogo y esperanza, y una sociedad que pueda vivir dignamente con educación, salud, justicia y trabajo. Finaliza preguntando si es posible hacer realidad ese sueño.
