La actriz española Maribel Verdú, de 56 años, habló sobre su carrera, la representación de personajes femeninos y su visión sobre la belleza natural en el marco del estreno de la serie ‘La Furia’ y su rol como embajadora de Nivea.
La actriz española Maribel Verdú, de 56 años, atraviesa un momento de actividad profesional con el estreno de la serie La Furia, dirigida por Félix Sabroso, y su labor como embajadora de la marca Nivea. En una entrevista, Verdú abordó temas como la representación de las emociones femeninas, la madurez y su postura sobre los estereotipos de belleza.
Consultada sobre si las mujeres han comenzado a expresar la furia, Verdú afirmó: «Históricamente, si una mujer mostraba enfado o rabia, se la tachaba enseguida de ‘histérica’ o desequilibrada, mientras que en un hombre se interpretaba como carácter, firmeza y liderazgo. Por fin estamos derribando la imposición de tener que ser siempre dóciles, sonrientes y complacientes».
Respecto a otros sentimientos que, según ella, han estado vetados a las mujeres, mencionó «la ambición sin complejos, el egoísmo sano de priorizarse una misma sin sentir culpa, y el deseo sexual libre y desinhibido. También el fracaso o la tristeza sin edulcorar».
Sobre la evolución de los personajes femeninos en el cine, sostuvo que «hoy las mujeres en el cine tienen más aristas, contradicciones, arrugas y deseos complejos; son personajes más completos y reales. La madurez por fin se retrata con mayor dignidad, en parte porque las historias las escriben y las dirigen mujeres».
En cuanto a su vida personal, Verdú declaró: «No me considero referente de nada, pero sí he procurado ser dueña de mis pasos, con sus aciertos y sus fallos. He aprendido a decir ‘no’ sin remordimientos cuando algo no encajaba con mis valores, a cuidar mi bienestar y a desprenderme de la necesidad de aprobación ajena».
Consultada sobre la elección entre el éxito internacional y los afectos, respondió: «Sin duda alguna. Mi oficio me apasiona, pero mi verdadero refugio es mi vida privada: mi pareja, mis amigos, mi familia y mi cotidianidad. Nunca he estado dispuesta a hipotecar mis afectos ni mi tranquilidad personal por una alfombra roja o por perseguir una carrera fuera a cualquier precio».
Respecto a la clave de una pareja duradera, señaló: «El respeto mutuo, la admiración, el espacio individual de cada uno y, sobre todo, reírse muchísimo juntos. Las parejas vivas evolucionan con el tiempo, y la clave está en renovar la complicidad día a día, con generosidad y sin afán de posesión».
En relación con su defensa de una belleza natural, explicó: «Aceptando el paso del tiempo con naturalidad y humor, pero también con ciencia inteligente. No tiene sentido pelearse contra la biología; la madurez aporta una serenidad y una fuerza increíbles. Quiero reconocerme en el espejo y en las fotos, conservar la expresividad de mi cara para poder actuar y mostrar quién soy. Mis arrugas son el reflejo de lo que he vivido, y cuidarlas con cosmética buena es cuidarme a mí misma sin trampas».
Sobre el clima político actual, manifestó: «Con inquietud por el exceso de polarización y ruido. Se echa en falta la capacidad de escuchar al que opina distinto, de buscar acuerdos constructivos y de pensar en el bienestar colectivo con empatía».
Finalmente, sobre cómo imagina un mundo mejor, dijo: «Un mundo con servicios públicos sólidos, educación de calidad, respeto real por el medio ambiente y donde la empatía y los cuidados ocupen el lugar central frente al individualismo».
