Desde la década del 90, un cocodrilo de unos seis metros y 900 kilos generó ataques mortales en las costas del río Ruzizi y el lago Tanganica. Nunca fue capturado y desde 2019 no se tienen registros de su presencia.
Un cocodrilo conocido como Gustave, que se estima mató a más de 300 personas, generó ataques mortales en comunidades africanas desde la década del 90. El animal, que nunca fue capturado, podría seguir con vida en las costas del río Ruzizi y las costas septentrionales del lago Tanganica, cerca de Buyumbura, aunque un rumor sostiene que murió porque desde 2019 no se sabe de él.
El reptil pesaba alrededor de 900 kilos y medía seis metros de largo. Tenía varias cicatrices en el costado derecho, producto de disparos de ametralladora, y otra marca rosada visible en el hombro derecho, probablemente causada por una lanza o un arpón casero. El documental Capturing the Killer Croc (2004) reveló que tenía dos grandes protuberancias óseas en la parte superior de la cabeza que parecían haberse fusionado en la parte posterior.
Sus primeras víctimas humanas se reportaron en 1987 y los ataques se intensificaron durante la década del 90. En su mayoría eran pescadores o personas que recogían agua. Dos de los ataques más violentos registrados por avistadores profesionales fueron los que cometió contra un hipopótamo y una vaca adulta.
Diversos investigadores y lugareños coincidieron en que Gustave mataba más de lo que podía comer. Muchos sostuvieron que se debía a que su enorme tamaño dificultaba los mecanismos de alimentación convencionales, que consistían en sumergir y ahogar a las presas para luego desmembrarlas. Una de las teorías es que no llegaba a zambullirlas con eficacia y en su ataque terminaba por cobrarse la vida de otros animales.
A mediados de los años 2000, Gustave se volvió popular en África y muchas comunidades locales comenzaron a hablar sobre él como un espíritu o deidad de las aguas. Según los mitos, llegó al río para proteger el territorio y, en consecuencia, puso sus reglas en la zona. Muchos pescadores dejaron de navegar en ciertos horarios o días para protegerse y para respetar el territorio del cocodrilo. Pese a las trampas que se colocaron con cebos, nunca fue capturado.
En 2019 comenzaron a surgir rumores de que Gustave había muerto en los cañaverales del lago Tanganica. Su cadáver nunca apareció para poder ser estudiado. Esto acrecentó las creencias de que no era simplemente un animal, sino una presencia que buscaba proteger su espacio natural ante el avance del hombre.
