La red de Alta Velocidad Española (AVE) acumula más de 110 muertos entre los accidentes de Adamuz y Urda, según datos oficiales. El 38% de los trenes llega con al menos cinco minutos de retraso, frente al compromiso histórico de devolución del pasaje por demoras superiores a ese umbral.
La red de alta velocidad más extensa de Europa quedó en jaque esta semana por un nuevo accidente ferroviario. En lo que va del año, los siniestros de Adamuz y Urda acumulan más de 110 muertos, de acuerdo con datos oficiales. El sistema, inaugurado en abril de 1992 con el tramo Madrid–Sevilla, atraviesa su año más trágico.
La caída del símbolo del orgullo nacional
En 1994, una publicidad de Renfe, la empresa pública de trenes, mostraba a un ejecutivo, un niño y una mujer trabajando a bordo del AVE antes de un anuncio por megafonía: “Le comunicamos que el tren llegará a su destino con seis minutos de retraso”. En aquellos años, la empresa devolvía el dinero del pasaje cuando el tren llegaba más de cinco minutos tarde. Actualmente, el 38% de los coches llega con al menos cinco minutos de retraso, según datos oficiales.
La expansión del servicio compitió gradualmente con el avión en el tramo Madrid–Barcelona. La red se extendió hasta convertirse en la más grande de Europa. La última gran inauguración fue la ruta que llega hasta Asturias y Galicia, en el norte. Los planes de expansión incluyen una nueva conexión hasta Lisboa para 2030, cuando se celebre el próximo Mundial de Fútbol entre ambos países. Su modelo de negocios se exportó a otros países, como la ruta entre La Meca y Medina, en Arabia Saudita.
Liberalización y caída de precios
La liberalización del mercado en 2021 permitió el ingreso de la italiana Iryo y la francesa Ouigo para competir con el servicio público de Renfe. Primero operaron el tramo Madrid–Barcelona y la bajada de precios se instaló cuando llegaron hasta la ruta Madrid–Sevilla. Los pasajes bajaron entre un 40 y un 50%, según datos oficiales. Hay tickets para viajar desde Madrid a Córdoba o Valencia que es habitual conseguirlos por menos de diez euros. La caída de los precios disparó la cantidad de pasajeros: si en 2019 fueron 22 millones de usuarios, ese número creció hasta 44 millones en 2025, récord histórico. La competencia entre operadores privados intensificó el uso de la red ferroviaria un 42%.
“Es cierto que España no ha dejado de invertir en mantenimiento ferroviario, pero también es evidente que no ha sido al mismo ritmo que ha crecido la cantidad de viajes y de pasajeros”, sostiene Ana Manso Acosta, consultora política. El gobierno socialista asegura que se ha hecho la mayor inversión de la historia en el mantenimiento, pero el accidente mortal en Adamuz fue causado por una avería en una de las vías.
“Hemos asociado al AVE con la rapidez, la comodidad y la seguridad. Lo normal era pensar: ‘Voy a llegar a tiempo a Madrid y mientras tanto podré trabajar cómodamente en mi ordenador’. Se había construido un pacto de confianza con la ciudadanía que ahora se ha dañado. La sucesión de dos choques en tan poco tiempo instala una percepción de que hay un problema estructural”, argumenta la politóloga Manso Acosta.
Declive de infraestructuras y crisis de confianza
La socióloga María Miyar, directora de la Funcas, un think tank dedicado a la investigación social, afirma: “El AVE representa hoy la decadencia de España. Es la constatación de un declive de las infraestructuras. Es cierto que se ha invertido, pero mucho más en la creación de infraestructura que en el mantenimiento. Para los políticos es más rentable poner el dinero en obras nuevas, que se puedan inaugurar”.
La especialista explica que el crecimiento de los viajes en alta velocidad desde que ingresaron nuevas empresas está acompañado por el crecimiento poblacional de España, que pasó de 40 a 50 millones de habitantes en los últimos años, y por el boom del turismo, que registró 97 millones de visitantes en 2025, el más alto de su historia.
Rubén Díez García, profesor de Sociología de la Universidad Complutense, sostiene que esta nueva percepción de los españoles sobre el AVE representa la crisis de confianza que atraviesa la sociedad española, enfrentada por distintos conflictos políticos y sociales. “La crisis del AVE no hace más que reflejar nuestro deterioro institucional de estos años”, comenta.
“La situación de los trenes es un trauma porque nos pone ante una realidad muy diferente a la que supimos vivir. La degradación de las instituciones y de nuestros símbolos deriva en una pérdida de confianza que termina por cuestionar la identidad nacional. ¿Quiénes somos ahora?”, cuestiona el politólogo, que se especializó en analizar cómo las sociedades se recuperan después de sus grandes duelos.
Tanto él como el resto de los especialistas coinciden en que, con las elecciones del 29 de noviembre a la vista, un cambio de gobierno aparece como la manera más pronta de dar vuelta la página. “Necesitamos el relato adecuado para volver a creer. Estoy seguro que el AVE reflotará, pero tomará su tiempo”, concluye.
