El enfrentamiento entre River Plate y la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) se remonta a años atrás y se ha intensificado tras el Superclásico. El conflicto involucra declaraciones cruzadas, decisiones arbitrales y posturas sobre la gobernanza del fútbol.
El vínculo entre River Plate y la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) registra antecedentes de tensión desde hace años. Una declaración de Rodolfo D’Onofrio, expresidente del club, en la que mencionó la necesidad de «poner una bomba», es señalada como un punto de partida del vínculo con el actual presidente de la AFA, Claudio «Chiqui» Tapia. Durante ese período, la relación se mantuvo en un estado de disputa con idas y vueltas.
La asunción de Stefano Di Carlo como presidente de River Plate generó expectativas de distensión. Sus vínculos con Tapia eran buenos y, al asumir, lo invitó a la ceremonia. El propio Di Carlo asistió a la conferencia del Superclásico a finales de 2025. El plan declarado era reconstruir relaciones y volver a la mesa chica de la AFA. Sin embargo, según el relato de los hechos, esos gestos no tuvieron correlato en acciones recíprocas.
River Plate sostuvo que el cambio de postura no fue recíproco. Los fallos arbitrales en el primer Superclásico de la presidencia de Di Carlo y en la final contra Belgrano; las decisiones con la copa anual a Central y el paro para defender a Tapia rompieron los puentes que habían comenzado a construirse. River volvió a retirarse de la AFA y se sucedieron episodios de conflicto que involucraron a los árbitros, al VAR y hasta la fiesta de despedida de Lionel Messi.
Desde River Plate sostienen sospechas de que este es el año de Boca y que desde la AFA existe una decisión de acompañar a Juan Román Riquelme para que no vuelva el macrismo. Boca está a un paso de la final de la Copa Argentina, en la final de la Sudamericana y a un triunfo de la Copa Anual. D’Onofrio lo expresó en un posteo al hablar de «ayudar a los amigos».
Desde la AFA responden que detrás del enojo hay una intención de un golpe de estado para sacar a Tapia de la presidencia y lo vinculan directamente con el gobierno y otros poderes políticos y mediáticos. La difusión de los audios de los fallos del VAR de las expulsiones de Martínez Quarta y Montiel fue interpretada desde la calle Viamonte como un gesto de provocación.
Los protagonistas de este conflicto coinciden en que no va a detenerse. Señalan que nunca en la historia del fútbol argentino hubo un enfrentamiento tan fuerte entre la AFA y River, ni cuando Daniel Passarella se enfrentó a Julio Grondona. Esa pelea era despareja y hoy River, desde lo institucional, lo económico y el poder real y simbólico, tiene otra fuerza. Lo mismo que la AFA y su estructura.
Muchos clubes apoyan a River más allá de Estudiantes, que lo hizo público. Sin embargo, los que coinciden con River luego, a fin de mes cuando deben pagar sueldos, dejan sus principios en el banco de suplentes. La AFA tiene construida una atadura de doble cordel, el de simular, para que nadie salga del corral. A uno le faltan aliados y a otro le sobran. Un dato gestual: River fue el único que votó en contra del nuevo torneo. Estudiantes no pudo hacerlo porque enviaron a un dirigente que estaba suspendido.
La pelea es entre dos pesos pesados y lo que se discute en el fondo es el mismo funcionamiento del fútbol argentino. Dicen que la guerra es la política por otros medios y esto sucede de ambos lados. La gran pregunta es cuántas balas tiene River para esta guerra y cuántas batallas puede dar frente a la AFA. Mientras tanto, la pelota rueda sobre un manto de sospechas tan grande que un día la va a hacer desaparecer.
