La escritora fue alumna de Jorge Luis Borges en el último cuatrimestre en que dictó Literatura Inglesa en la Universidad de Buenos Aires. En una entrevista con Ronda de Escritores, reconstruyó anécdotas de esas clases.
Ana Iparaguirre cursó el último cuatrimestre en el que Jorge Luis Borges dictó clases de Literatura Inglesa en la Universidad de Buenos Aires (UBA). En una entrevista para Ronda de Escritores (RDEsc), por +Perfil, recordó esa experiencia y describió algunos momentos de las clases.
«Fue algo extraordinario, un privilegio haber podido compartir un cuatrimestre con Borges, donde vos lo veías todas las semanas, todos los jueves», declaró Iparaguirre, que tenía alrededor de 20 años y había comenzado a leer al escritor a los 15, cuando una profesora del colegio secundario le acercó poemas de Fervor de Buenos Aires.
La escritora relató que llegó a la facultad y encontró el nombre de Borges en la cartelera entre las materias disponibles. Provenía de Junín, ciudad donde, según explicó, la actividad cultural y literaria de Buenos Aires se percibía como remota.
Al describir las clases, Iparaguirre se refirió al sentido del humor del escritor: «Borges, el humor lo atraviesa, atraviesa su vida y su literatura». Agregó que tenía distintos registros: «Es muy irónico, es sarcástico, es sorna pura, te puede dejar planchado, pero siempre con un humor que te divierte a mí hasta la carcajada». Para ella, esa disposición era parte de la manera en que transmitía los textos y destacó que enseñaba literatura sin solemnidad: «Hablaba, como digo en el libro, de cosas altas desde el llano».
Entre los recuerdos, mencionó una escena en un ascensor de la Facultad de Filosofía y Letras. Mientras esperaban junto a Borges y otros estudiantes, el ascensor demoraba en llegar. El escritor dijo: «No se preocupen, es un aparato que todavía está en invención, está siendo inventado, va a tardar en llegar».
Iparaguirre también evocó una clase dedicada al fragmento de Finnsburg, un poema del siglo VIII vinculado con los comienzos de las literaturas germánicas y anglosajonas. Según recordó, Borges recitaba el texto con su característica voz e interrumpía la explicación para acercarla a una imagen cotidiana: «No se imaginen ejércitos así», les decía, antes de comparar el enfrentamiento con una pelea entre «un montón de tipos de hombres como si se pelearan los de Temperley contra los de Lomas de Zamora». Luego volvía sobre el texto para señalar la belleza de los versos.
Para Iparaguirre, esa combinación de erudición, humor y cercanía definía una manera de enseñar que todavía recuerda.
