El presidente Javier Milei acumula derrotas electorales de aliados en Brasil y Estados Unidos, mientras la economía argentina sigue en recesión y persisten dudas sobre el programa de ajuste.
El presidente Javier Milei sufrió en menos de dos semanas dos derrotas electorales externas que repercuten en dos problemas argentinos: la prolongada debacle económica y la desconfianza que inspiran las medidas para solucionarla, según el análisis de un exsecretario de redacción de LA NACION, actualmente director periodístico de Cadena 3.
El mandatario ingresa a la campaña electoral con la economía en recesión y sin perspectivas de recuperación antes de los comicios de agosto, octubre y noviembre. La economía es la principal motivación del voto y, según el texto, fue la razón que lo llevó al poder.
Milei reafirma su pertenencia al grupo de los recientes derrotados y se niega a cambiar su estrategia. Como aspirante a otro mandato, su principal argumento electoral es convencer de que las medidas adoptadas darán frutos después de las elecciones.
Tras las derrotas de sus aliados Flavio Bolsonaro en Brasil y Donald Trump en Estados Unidos, Milei regresó esta semana a España para apoyar a Vox, partido de extrema derecha que podría ser necesario para formar gobierno. Según el análisis, espera dejar de aparecer como perdedor y recibir el consuelo de apoyar al partido que puede salir tercero.
El gobierno argentino considera que la frustración en Brasil y la derrota republicana en Estados Unidos son circunstancias menores comparadas con la desconfianza hacia el programa financiero y económico. El saldo más inquietante es que la derrota de Trump abrió un interrogante sobre si se mantendrá una nueva intervención de Estados Unidos ante una eventual corrida cambiaria, como la que afectó al país el año pasado hasta la llegada de los dólares de Scott Bessent.
Los mercados están tomando decisiones antes que los votantes. El aumento del riesgo país creció más para Argentina que para el resto de los países emergentes, lo que refleja la desconfianza de los grandes capitales en que el gobierno de Milei pueda quebrar una secuencia de incumplimientos.
El texto señala que las inversiones posibles en Argentina se paralizaron hasta después de las elecciones, dentro de doce meses. Un país detenido esperando qué votará es en sí mismo un enorme problema, añade.
La crisis abierta por la guerra de Irán es una más entre otras crisis de confianza internacionales que impactan con fuerza en Argentina. Es un mensaje nuevo para Milei y para su ministro Luis Caputo que pone en duda la solidez de su programa de ajuste.
El análisis reconoce que Caputo tiene razón cuando asegura que todo sería peor si no hubiese llegado Milei con su motosierra y ejecutara una dura dieta fiscal hasta poner en azul números que estaban en rojo. Sin embargo, financistas e inversores advierten que un ajuste tan estricto y en tan poco tiempo es ofrecerle una nueva oportunidad al populismo.
El ajuste era necesario, pero no es suficiente. El enfoque estrictamente monetario para quebrar la inflación y la demora en lograrlo profundizan la retracción de la economía, afectando especialmente a los sectores que demandan más mano de obra.
Milei tiene la ventaja de un país que expresa que no quiere ir hacia atrás, pero no puede ocultar una insatisfacción creciente, tan amplia como la convicción anterior. En algún momento del año próximo esa discusión entregará una decisión y la transformará en un voto. Los ejemplos de Trump y Bolsonaro están demasiado cercanos. Milei necesita no correr la misma suerte que sus aliados en desgracia, concluye el texto.
