Una población aislada en una isla australiana, que nunca registró la enfermedad que diezma a estos marsupiales, se estudia como un reservorio genético vital para planes de recuperación, pese a los desafíos de la endogamia y los incendios forestales.
Un equipo de investigadores en Australia trabaja en la evaluación y manejo de una población única de koalas en Isla Canguro, la cual está libre de la epidemia de clamidia que afecta gravemente a gran parte de los ejemplares en el continente. Esta enfermedad bacteriana, causada por Chlamydia pecorum, puede provocar ceguera, infertilidad y la muerte en estos animales, y tiene una prevalencia de hasta el 88% en algunas zonas.
Se estima que Isla Canguro alberga la mayor población de koalas sin clamidia del mundo, lo que la convierte en un potencial ‘seguro de vida’ para la especie, clasificada como vulnerable. Sin embargo, este grupo, descendiente de unos 20 individuos introducidos en la década de 1920, sufre una alta endogamia y fragilidad genética tras más de un siglo de aislamiento.
Los científicos Karen Burke Da Silva y Julian Beaman, de la Universidad Flinders, estudian a estos koalas con el objetivo de mejorar su diversidad genética y, eventualmente, utilizarlos para reforzar poblaciones continentales con baja prevalencia de la enfermedad. Los koalas en Australia, aunque aún numerosos, enfrentan un declive constante debido a la fragmentación de sus hábitats, el cambio climático y las enfermedades, lo que aumenta su riesgo de extinción local.
La clamidia en koalas puede tratarse con antibióticos, pero el proceso es complejo y riesgoso. Una vacuna aprobada en 2025 reduce la mortalidad en un 65%, pero su aplicación a gran escala en poblaciones silvestres presenta grandes desafíos. Por ello, la población sana de Isla Canguro adquiere un valor estratégico para la conservación.
No obstante, estos koalas no están exentos de amenazas. Los devastadores incendios forestales del ‘Verano Negro’ (2019-2020) mataron a aproximadamente el 80% de la población insular, reduciéndola a unos 10.000 individuos. A pesar de esto, los investigadores consideran que proteger y utilizar este grupo, combinado con los esfuerzos de vacunación, podría ser fundamental para garantizar el futuro de la especie a largo plazo.
