Conocidas por su aspecto escultórico y resistencia, las especies del género Eryngium se consolidan como una opción preferida en paisajismo y floristería, combinando estética, funcionalidad y beneficios ecológicos.
En los últimos años, la estética del jardín ha evolucionado hacia lo naturalizado y funcional, priorizando plantas de fácil cuidado que aportan belleza y facilitan el trabajo de paisajistas y floristas. «Pueden cultivarse fácilmente y por eso hoy la jardinería difundió varios de estos ‘erizos vegetales’, como se los conoce comúnmente», explica la ingeniera agrónoma Gabriela Benito.
Un ejemplo destacado es el Eryngium, un género de plantas con siluetas arquitectónicas y floraciones que parecen esculturas. «Los Eryngium aportan un efecto vertical de gran interés. Además, sus llamativas cabezuelas con flores verdosas, plateadas o azuladas se presentan rodeadas con un llamativo collar de brácteas», detalla Benito. Esta combinación de resistencia, textura y color las convierte en favoritas tanto en macizos de jardines como en arreglos florales contemporáneos.
Dentro de esta categoría, las formas y usos son amplios. El Eryngium sanguisorba —o «cardo borlita»— se destaca por su tonalidad bordó y su capacidad de mantener la estructura floral incluso en estado seco, ideal para diseños duraderos o como flor de corte. El Eryngium paniculatum (cardoncillo o chupalla), nativo de pastizales del centro y norte argentino, prospera en condiciones adversas como suelos pobres, laderas erosionadas o zonas ventosas. Su sistema radicular profundo ayuda a fijar el suelo y frenar la degradación, mientras sus tallos rígidos ofrecen una silueta escultórica de gran valor paisajístico.
Otras especies también marcan tendencia. El Eryngium ebracteatum, con inflorescencias finas y alargadas, atrae polinizadores y se adapta a riberas o macetas urbanas. El Eryngium eburneum destaca por su porte robusto y floración prolongada, que atrae insectos y aves, mientras variaciones como el Eryngium planum ‘Blue Glitter’ ofrecen un azul metálico intenso, ideal para contrastes en composiciones.
Estas plantas comparten una baja exigencia de cuidados: prefieren suelos bien drenados, toleran sequías estacionales y prosperan con sol pleno o sombra parcial moderada. Estas características las convierten en aliadas para jardines de bajo mantenimiento sin resignar impacto visual.
Además de su rol ornamental, muchas especies cumplen funciones valiosas en la biodiversidad del paisaje urbano, sirviendo de hábitat para insectos benéficos o como alimento para polinizadores. Esta doble utilidad —belleza y servicio ecológico— explica por qué paisajistas y floristas las incorporan cada vez más en proyectos integrales de diseño.
