Estudios recientes sugieren que vacunas y fármacos de uso habitual podrían tener un efecto protector contra la demencia, aunque los expertos advierten que aún se investiga si existe una relación causal directa.
La vacuna anual contra la gripe podría tener un beneficio adicional: ayudar a proteger contra la demencia. Numerosos estudios han encontrado que los adultos mayores vacunados contra la influenza presentan un riesgo menor de desarrollar demencia en los años siguientes, en comparación con quienes no se vacunaron. En un estudio, el riesgo era hasta un 40% menor.
Una investigación publicada recientemente refuerza estos indicios al mostrar que los adultos mayores que recibieron una dosis más alta de la vacuna contra la influenza —recomendada para personas de 65 años o más— tenían una probabilidad aún menor de desarrollar Alzheimer en comparación con quienes recibieron la dosis estándar.
Otros medicamentos comunes también han sido asociados con una reducción del riesgo de demencia. Sin embargo, el desafío para los científicos es determinar si los fármacos benefician directamente al cerebro o si solo existe una correlación. Por ejemplo, las personas que se vacunan suelen ser las que visitan al médico y siguen indicaciones como tomar pastillas para la presión arterial y el colesterol, lo que también podría reducir el riesgo.
Entre los fármacos investigados se encuentran:
- Vacuna contra la influenza: estudios sugieren que la dosis alta ofrece mayor protección contra el Alzheimer.
- Vacuna contra el herpes zóster: investigaciones sólidas indican una reducción del riesgo de demencia de entre 15% y 20%, especialmente en mujeres.
- Estatinas: se asocian a una reducción del riesgo de demencia de entre 10% y 15%.
- Fármacos para la hipertensión: también muestran una reducción similar del riesgo, posiblemente al controlar factores de riesgo cardiovascular.
Los expertos señalan que la evidencia más convincente proviene de la vacuna contra el herpes zóster, cuyo lanzamiento escalonado en distintos países permitió un ensayo clínico natural. Aun así, la mayoría de los estudios son observacionales y se necesitan más ensayos clínicos para confirmar una relación causal.
