La salud ósea depende de un equilibrio de nutrientes que incluyen calcio, vitamina D, fósforo, magnesio, colágeno y vitamina C. La exposición solar y la dieta son las principales fuentes de estos componentes.
La vitamina D cumple un rol en la absorción del calcio por parte del organismo, según fuentes científicas. Este proceso permite que el mineral llegue a los huesos, aunque la recomendación de consumir leche para fortalecer la osamenta solo cubre una parte del mecanismo.
El esqueleto también requiere fósforo y magnesio. Cuando los niveles de calcio y fósforo son bajos, la glándula paratiroidea libera una hormona que aumenta la producción de vitamina D activa (calcitriol). Esta moviliza el calcio de los huesos para mantener el equilibrio de minerales en el cuerpo. El calcitriol estimula la formación de osteoblastos, células responsables de crear hueso, pero la extracción constante de calcio óseo puede debilitar el esqueleto con el tiempo.
El magnesio es necesario para la activación de la vitamina D. Sin suficiente magnesio, el cuerpo no puede metabolizar correctamente la vitamina, lo que reduce su capacidad para regular los niveles de calcio. Por ello, los suplementos de salud ósea suelen combinar calcio, vitamina D y magnesio.
El colágeno es una proteína que forma un andamio sobre el cual se depositan los minerales óseos. Su carencia puede afectar la elasticidad y resistencia de los huesos. La vitamina C es fundamental para la síntesis de colágeno; su deficiencia reduce la producción de esta proteína y puede afectar la calidad ósea y articular. Alimentos ricos en vitamina C incluyen frutas cítricas, kiwis y pimientos.
En Europa existe una alegación de salud autorizada que señala: “La vitamina C contribuye a la formación normal de colágeno para el funcionamiento normal de los huesos”. La vitamina D también influye en la producción y mantenimiento del colágeno, contribuyendo a la integridad del tejido óseo.
Otras indicaciones autorizadas establecen que “las proteínas, la vitamina K, el zinc, el fósforo, el manganeso, el magnesio, el calcio y la vitamina D contribuyen al mantenimiento de los huesos en condiciones normales”.
Las fuentes de estos nutrientes son tres: la exposición solar (10 a 20 minutos diarios, según el tono de piel) permite la producción natural de vitamina D; la dieta incluye alimentos como salmón, atún, sardinas, productos fortificados, nueces, espinacas, semillas, caldos de hueso, gelatina, frutas cítricas y fresas; y los suplementos o complementos, que deben ser consultados con un médico.
