El Papa León XIV publicó la encíclica Magnifica Humanitas, un documento que aborda la relación entre la humanidad y la inteligencia artificial desde una perspectiva teológica, con 224 citas de fuentes eclesiales y la presentación a cargo del fundador de Anthropic, Christopher Olah.
El Papa León XIV publicó la encíclica Magnifica Humanitas, un documento que aborda la relación entre la humanidad y la inteligencia artificial. El texto contiene 224 citas, la mayoría de fuentes teológicas y eclesiales, incluyendo papas, concilios, santos y documentos del Magisterio. Entre las excepciones se encuentran Viktor Frankl, Hannah Arendt, J.R.R. Tolkien, Giorgio la Pira y Platón.
La encíclica se apoya en el documento de la Comisión Teológica Internacional ¿Quo vadis, humanitas? Pensar la antropología cristiana ante algunos escenarios futuros de la humanidad. Según el texto, la Iglesia sostiene que tiene voz propia en el debate actual y que su tradición de dos mil años de reflexión sobre la persona, el bien común, el trabajo y la justicia constituye un corpus de sabiduría.
El Papa León XIV tiene formación matemática, lo que se refleja en la precisión conceptual del documento. La encíclica distingue entre inteligencia humana e inteligencia artificial: la primera vive experiencias, tiene cuerpo, siente dolor y alegría; la segunda procesa datos. La diferencia es de naturaleza, no solo de grado.
La presentación de la encíclica estuvo a cargo de Christopher Olah, fundador de Anthropic, una empresa líder en inteligencia artificial. Olah tiene 33 años y un patrimonio estimado en 3.700 millones de dólares. El Papa León XIV eligió a Olah para presentar el documento, lo que se interpreta como un gesto de diálogo.
El documento propone un enfoque que no se identifica ni con los apocalípticos ni con los integrados frente a la tecnología, según la clasificación de Umberto Eco. En su lugar, propone una tercera vía: la de la custodia responsable y creativa.
León XIV introduce un giro metodológico: en lugar del esquema clásico ‘ver, juzgar, obrar’, propone las preguntas clásicas de la filosofía: ¿qué podemos conocer? y ¿qué podemos hacer con lo que conocemos? Esto implica reconocer que no todo lo que se puede conocer se debe hacer, y que no todo lo que se puede hacer se debe realizar.
La encíclica sostiene que la centralidad humana se funda en la trascendencia de Dios. Según el texto, el ser humano no es el centro por mérito propio, sino porque ha sido puesto allí por Alguien que lo trasciende. Esta condición de don permite relacionarse con la inteligencia artificial sin caer en idolatría ni pánico.
El documento incluye criterios concretos: transparencia algorítmica, control humano efectivo en decisiones que afectan vidas, acceso equitativo a los datos, protección de los trabajadores que entrenan los modelos, educación digital para los jóvenes, límites de edad para el uso de dispositivos y alianzas entre familia, escuela y Estado.
La encíclica finaliza con la imagen de Nehemías reconstruyendo las murallas de Jerusalén, como símbolo del trabajo paciente y compartido. El Papa León XIV afirma que todos tienen un tramo de muralla: científicos, empresarios, educadores, padres de familia, legisladores y periodistas.
