España alcanzó en 2023 su mayor nivel de emprendimiento desde 2012, con una tasa de natalidad empresarial del 9,1%. Sin embargo, la creación de empresas sigue por debajo de la media europea, muchas desaparecen en sus primeros años y la actividad se concentra en pocos territorios y sectores de baja productividad, según un informe de CaixaBank Research.
España ha alcanzado su mayor nivel de emprendimiento desde 2012, pero el avance convive con tres frenos estructurales: la creación de empresas sigue por debajo de la media europea, muchas nuevas sociedades desaparecen en sus primeros años y la actividad se concentra en unos pocos territorios y en sectores de menor productividad.
En 2023, la tasa de natalidad empresarial se situó en el 9,1%, mientras que en transporte y almacenamiento llegó al 11,8%, más de cinco puntos por encima de hace una década, según refleja el último estudio de CaixaBank Research. El repunte confirma un auge sostenido desde 2021, aunque todavía no recupera los máximos de 2014-2018, cuando la creación de empresas superó el 10%.
La evolución del emprendimiento en la última década y media ha estado muy ligada al ciclo económico. Tras la crisis financiera de 2008-2013, predominó el emprendimiento por necesidad: la tasa de actividad emprendedora, que mide el porcentaje de adultos de entre 18 y 64 años implicados en iniciativas nacientes o nuevas, tocó techo con el 5,7% en 2012.
Con la recuperación del empleo asalariado, ese impulso se moderó hasta situarse en torno al 5,2% en 2016. Entre 2017 y 2019 volvió a repuntar, con niveles de entre el 6% y el 6,5%, en una fase más vinculada a la identificación de oportunidades de mercado y al arranque de una cultura de start-ups en las grandes ciudades.
Los sectores con más emprendimiento incluyen información y comunicaciones, actividades tecnológicas e investigación y desarrollo, que registran elevadas tasas de creación y una expansión neta del tejido productivo. El caso más visible es el de la logística: transporte y almacenamiento se ha consolidado como uno de los grandes motores del nuevo emprendimiento, impulsado por el comercio electrónico y la reorganización de las cadenas de suministro. Ese dinamismo contrasta con la pérdida de peso del comercio mayorista y minorista en la creación de nuevas empresas.
El mapa territorial del emprendimiento muestra diferencias significativas. En 2023, Baleares, la Comunidad Valenciana y Canarias lideraron la creación empresarial, con tasas de entre el 10% y el 11%, casi el doble que en las regiones menos activas. Ese liderazgo responde al peso de los servicios de consumo y del turismo. Andalucía, Madrid, Murcia y Cataluña también se situaron por encima de la media nacional. En el extremo contrario aparecen La Rioja, Navarra, Castilla y León y Galicia, con tasas en torno al 6% y el 7%.
También hay diferencias en la capacidad de consolidación. Baleares, Comunidad Valenciana, Madrid, Andalucía, Canarias y Cataluña combinan mayor empuje emprendedor con tasas de mortalidad relativamente más contenidas. En hostelería y ocio, la creación es alta pero también los cierres son numerosos, lo que produce una rotación empresarial intensa con un saldo neto modesto.
Ese patrón resume el reto de fondo del emprendimiento en España: no solo crear más empresas, sino conseguir que sobrevivan, se consoliden y se orienten hacia actividades de mayor valor añadido, especialmente fuera de los polos tradicionales y más allá de los negocios de baja barrera de entrada.
