El exministro de Pedro Castillo, Roberto Sánchez, se presenta como una sorpresa electoral en Perú. Promete combatir el crimen, impulsar la industrialización, crear un Estado plurinacional y redactar una nueva Constitución, aunque moderó algunas propuestas para ampliar apoyos.
LIMA. — Cuando recorre las calles de Perú, Roberto Sánchez suele llamar la atención por un sombrero campesino de ala ancha, que según sostiene representa al “Perú profundo”, el país rural y andino marginado del crecimiento económico de Lima.
A sus 57 años, Sánchez, exministro de Comercio Exterior durante el gobierno de Pedro Castillo, logró captar parte del electorado desencantado con la política tradicional. Su discurso se centra en la lucha contra la desigualdad, la inseguridad y la concentración del poder económico y político.
Sánchez reivindica públicamente su alianza con el expresidente Castillo y ha prometido otorgarle un indulto si llega al poder. Durante la campaña visitó a Castillo en prisión y defiende la idea de que el exjefe de Estado fue víctima de persecución política tras su caída en diciembre de 2022.
Su base electoral se concentra en regiones rurales, sectores populares y zonas del interior donde persiste la percepción de que los beneficios del crecimiento económico no llegaron de manera equitativa. Sánchez señala que más de una cuarta parte de la población peruana continúa en situación de pobreza.
En materia de seguridad, propone una reforma profunda de la policía, la depuración de mandos vinculados con redes criminales, el fortalecimiento de fiscalías especializadas y la creación de un sistema integrado de información criminal que incorpore inteligencia financiera y combate al ciberdelito. También plantea fortalecer investigaciones contra extorsión, sicariato, trata de personas y lavado de activos, e impulsa mecanismos de participación comunitaria y veedurías ciudadanas.
En el terreno económico, Sánchez moderó parte de su discurso de primera vuelta. Propuestas como la renegociación de tratados de libre comercio o cambios en la conducción del Banco Central desaparecieron de la versión más reciente de su programa. No obstante, el núcleo de su proyecto permanece: sostiene que Perú depende excesivamente de la extracción de materias primas y propone una “nueva matriz productiva” basada en industrialización, fortalecimiento de la agricultura familiar, apoyo a pymes y una reforma tributaria progresiva. Busca aumentar la participación de productos con valor agregado en exportaciones y reducir la informalidad laboral.
Propone además una fuerte presencia del Estado en sectores estratégicos como gas, petróleo, agua y electricidad, bajo control público, y cuestiona los modelos de concesión que, según afirma, no benefician suficientemente al país.
Su propuesta más ambiciosa es la construcción de un Estado plurinacional, inspirado en modelos de otros países de la región, que reconozca la autonomía y participación efectiva de los pueblos originarios en decisiones sobre sus territorios, con representación indígena, fortalecimiento de lenguas originarias y mecanismos de consulta vinculantes. Este proceso estaría acompañado por una nueva Constitución, objetivo histórico de la izquierda peruana. Aunque el lenguaje se volvió más moderado, Sánchez plantea un “nuevo pacto social” para reformar instituciones y profundizar la descentralización.
La descentralización es otro eje central. Sánchez sostiene que Lima y Callao concentran una porción excesiva de la riqueza nacional y promete transferir mayores recursos, competencias y capacidad de decisión a las regiones del interior.
En política exterior, propone acercar a Perú a espacios de integración regional como la UNASUR, fortalecer vínculos con los BRICS y promover una agenda latinoamericanista basada en soberanía económica, transición ecológica y cooperación regional.
Con el sombrero campesino como sello y un discurso que combina demandas sociales, reivindicaciones territoriales y reformas estructurales, Roberto Sánchez llegó al balotaje como el principal heredero político de Pedro Castillo y representante de una izquierda que busca regresar al poder con una estrategia más moderada, pero sin renunciar a sus objetivos de transformación del Estado peruano.
Fuente: Agencia AP y diario El País
