Una paisajista y su cliente colaboraron para convertir un patio de 40 m², oscuro y deteriorado, en un espacio verde funcional. El proyecto incluyó soluciones de drenaje, selección de plantas adaptadas a la sombra y un diseño que prioriza la profundidad visual.
Guadalupe Manero solicitó transformar el patio de su departamento con el pedido: “Quiero mucho verde, quiero una jungla”. El espacio, de aproximadamente 40 m², presentaba paredes de color verde agua, césped deteriorado por falta de luz solar, piedras y escasa profundidad visual. La paisajista Agustina Busto fue la responsable del diseño.
Según declaró Busto, “creo que se hizo una linda sinergia” entre ambas. El principal desafío técnico fue que el patio estaba construido sobre las losas de las cocheras del edificio, lo que obligó a elevar el nivel del suelo mediante canteros. Para resolver el drenaje del agua de lluvia, se instaló una zanja desde los canteros hasta el desagüe con granza de granulometría grande, tela geotextil y una capa de 3 cm de piedras bínder Mar del Plata. Se incorporó un sistema de riego por goteo y se conservaron algunas piedras existentes.
La paleta de plantas fue “deliberadamente contenida”, basada en verdes y blancos. Incluyó Strelitzia nicolai, boina de vasco, anémonas japonesas y neomaricas cándidas (lirio caminante), una planta nativa. Busto afirmó que las flores amarillas de la boina de vasco “traen la alegría del sol que falta”.
Para generar profundidad, se colocó un sendero de lajas claras que, según la paisajista, “te exige un recorrido, agrega y separa el espacio en ambientes”. Además, se utilizaron macetas grandes para albergar suculentas salteñas heredadas por la cliente. Busto explicó: “Muchos objetos chicos en un espacio pequeño lo hacen mucho más ruidoso; las macetas grandes le dan más orden y armonía”.
El proyecto finalizó con un patio que, según la paisajista, mantiene “interés visual y estacional durante todo el año”. La cliente recuperó la conexión con la naturaleza que asociaba a su infancia.
