La época mundialista suele ir acompañada de un aumento en las consultas por ansiedad e insomnio y podría haber urgencias relacionadas con el consumo de alcohol.
Buenos Aires, 30 de junio (NA) – Los grandes eventos deportivos como el Mundial que se lleva a cabo en Estados Unidos, Canadá y México generan entusiasmo y crean momentos de encuentro y celebración colectiva, pero también pueden provocar ansiedad, alteraciones del sueño o un aumento del estrés, especialmente en personas con antecedentes de estas condiciones.
“Durante torneos importantes aumentan las consultas vinculadas a ansiedad, insomnio y alteraciones del humor”, explicó el Dr. Juan Ingelmo (M.N. 110.685), médico del Departamento de Salud Mental del Hospital de Clínicas de la UBA, en un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas.
Asimismo, agregó: “También se registra un incremento en consultas de urgencia relacionadas con el consumo excesivo de alcohol, que en el contexto de los eventos deportivos masivos suele dispararse”.
“El fútbol en general y un Mundial en particular activa algo que va mucho más allá del deporte. Las personas construimos parte de quiénes somos a través de los grupos a los que pertenecemos, y la Selección nacional es uno de los emblemas de pertenencia más poderosos que existen”, señaló.
En ese sentido, el Dr. Ingelmo añadió: “Cuando juega la Selección, no es solo un equipo el que está en la cancha. Es una representación colectiva de nosotros mismos. Eso explica por qué la carga emocional es tan intensa”.
“Un Mundial es uno de los pocos momentos en que millones de personas sienten exactamente lo mismo al mismo tiempo. Esa sincronía emocional colectiva es una experiencia casi única en la vida cotidiana moderna, y genera una intensidad que amplifica todo lo que se siente individualmente”, dijo.
El experto indicó que “la anticipación de un evento importante activa el sistema de alerta del organismo de manera muy similar a como lo haría cualquier situación de incertidumbre con consecuencias emocionales relevantes”.
“El cuerpo no distingue demasiado bien entre una amenaza real y una amenaza simbólica: libera las mismas hormonas del estrés, el ritmo cardíaco sube, la atención se estrecha, el sueño puede alterarse. Todo eso, en dosis moderadas, forma parte de la experiencia normal y hasta disfrutable de la expectativa”, señaló.
Sin embargo, el especialista aclaró que la situación puede volverse problemática cuando esa activación supera la capacidad de regulación emocional. Además, recomendó prestar atención cuando, en los días previos a un partido o competencia importante, aparecen síntomas como tensión sostenida, dificultad para concentrarse en otras actividades, alteraciones del sueño, irritabilidad o síntomas físicos como tensión muscular o molestias digestivas.
“No necesariamente significa que hay un trastorno de ansiedad subyacente, pero sí que la respuesta emocional está siendo desproporcionada respecto al evento en cuestión”, aclaró el médico.
En tanto, en quienes ya presentan una tendencia a la ansiedad, los grandes eventos deportivos pueden actuar como desencadenantes o amplificadores de síntomas previamente controlados. “La incertidumbre del resultado, la sensación de no tener ningún control sobre algo que importa mucho, y la sobreexposición a información y análisis previos al partido son ingredientes que pueden hacer que esa tensión escale más de lo esperado”, dijo.
Además, manifestó que el momento en el que hay que consultar es “cuando los síntomas interfieren con el funcionamiento cotidiano” y añadió que otros motivos que se deben tener en cuenta son si la ansiedad vinculada al contexto deportivo está afectando el sueño de manera persistente, dificultando la concentración en el trabajo o los estudios, generando síntomas físicos como palpitaciones, tensión muscular importante o molestias gastrointestinales frecuentes, o deteriorando la calidad de los vínculos cercanos. Otro factor de relevancia es cuando “la persona nota que está usando el alcohol u otras sustancias para manejar la tensión emocional”, expresó el Dr. Ingelmo.
“La clave está en algo que suena simple, pero no siempre es fácil de sostener: mantener la perspectiva. Disfrutar intensamente un evento no requiere perder de vista que es, en último término, un juego. Eso no le quita emoción ni importancia, pero sí le pone un marco que protege”, señaló el médico, quien recomendó estas medidas como prevención: respetar los horarios de sueño de ser posible, especialmente cuando los partidos son nocturnos y hay que trabajar o estudiar al día siguiente; moderar el consumo de alcohol, que en este contexto tiende a naturalizarse y puede amplificar tanto la euforia como la tristeza; limitar la sobreexposición a análisis, debates y redes sociales antes y después de los partidos, porque eso prolonga artificialmente el estado de activación emocional; y cuidar la calidad de las conversaciones sobre el tema: el fútbol puede ser una fuente enorme de disfrute compartido, pero también puede generar conflictos innecesarios cuando las diferencias de opinión se toman con demasiada intensidad.
“Para quienes ya saben que tienen tendencia a la ansiedad o que los eventos de este tipo los afectan mucho, vale la pena anticiparse: hablar con alguien de confianza, o incluso con un profesional, sobre cómo manejar ese período puede hacer una diferencia real”, sugirió el especialista.
