John Páez y L. relataron sus procesos de adicción y recuperación en Colombia. Ambos pasaron por tratamientos en la Fundación Aprender a Vivir y coincidieron en que la adicción es una condición que requiere abordaje continuo. Expertos consultados explicaron las estrategias terapéuticas y el rol de la familia.
John Páez, recuperado de una adicción de 20 años, y L., una mujer bogotana con 17 años de sobriedad, compartieron sus historias con Infobae Colombia. Ambos relataron los períodos de consumo, las recaídas y el proceso de rehabilitación en la Fundación Aprender a Vivir, ubicada en Bogotá.
John comenzó a consumir bazuco a los 14 años, influenciado por su hermano mayor. Durante su adicción, vivió ocho meses en el Cartucho de Bogotá, fue expulsado de la Policía Nacional y tuvo tres hogares fallidos. Tras una sobredosis, ingresó a una fundación y, después de una recaída, logró rehabilitarse. En 2004 fundó Aprender a Vivir, donde actualmente brinda asistencia a personas con consumo problemático.
L., por su parte, inició su consumo con alcohol durante la universidad. Posteriormente, fue diagnosticada con depresión y bipolaridad, y desarrolló adicción a medicamentos psiquiátricos. Tras varios intentos de suicidio y un período en centros psiquiátricos, ingresó a Aprender a Vivir, donde permaneció internada un año. Desde entonces, lleva 17 años sin consumir.
El psicólogo clínico Manuel Ricardo Torres explicó que el abordaje terapéutico se centra en evaluar las «áreas de ajuste» de la persona: relaciones interpersonales, educación y trabajo, intereses y recreación, mente, cuerpo y espíritu, y responsabilidades diarias. Según Torres, la adicción aparece cuando todas estas áreas se deterioran y la vida gira en torno al consumo.
Torres indicó que utiliza terapias de tercera generación, como la terapia dialéctico conductual y la terapia de aceptación y compromiso, para que los pacientes aprendan a gestionar sus emociones sin recurrir a sustancias. También señaló que la recaída es una posibilidad contemplada en el proceso terapéutico.
John y L. coincidieron en que la adicción es una enfermedad reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y que requiere tratamiento continuo. Torres, en cambio, prefiere no considerarla una enfermedad para evitar el estigma y la vergüenza, aunque reconoce que el modelo médico genera resultados.
En cuanto al rol de la familia, John afirmó que «donde nace un adicto, muere una familia» y destacó la importancia de que los allegados reconozcan la gravedad del problema. L. señaló que la recuperación debe buscarse «con la familia, sin la familia, incluso a veces en contra de la familia».
Torres recomendó a los familiares mantener una comunicación validante con límites claros, sin atacar ni señalar al consumidor, y evitar ser codependientes. «Una comunicación validante con límites claros va a mostrarle esas consecuencias que va a llegar a tener en casa, pero siempre irse mucho más a las cosas positivas que puede llegar a obtener el familiar», precisó.
Según datos del Ministerio de Justicia y del Derecho de Colombia, en 2022, ocho de cada 10 personas entre 12 y 65 años habían consumido alcohol, y 8.000 habían probado drogas ilícitas. El Observatorio de Salud de Bogotá (SaluData) documentó 3.906 casos de consumo problemático de sustancias psicoactivas en 2026, de los cuales 1.451 corresponden a adolescentes y 2.001 a adultos.
