Un informe de AP News indica que el precio del calzado infantil subió 3,2% entre enero y junio, lo que proyecta el mayor incremento anual en 34 años si se excluyen los años de pandemia. Las ventas cayeron 3% en el mismo período.
El precio del calzado infantil en Estados Unidos registró un aumento del 3,2% en el primer semestre del año, según un reporte de AP News. Esta variación encamina al rubro hacia el mayor incremento anual en 34 años, si se excluyen los períodos de pandemia.
El informe señala que los niños cambian de talle con rapidez y requieren un ajuste preciso, por lo que el calzado no ofrece la misma flexibilidad que otras prendas. Esta situación lleva a muchas familias a revisar sus compras y a ajustar sus gastos.
La presión escolar también incide en la decisión de compra. Para muchos niños, las zapatillas funcionan como una señal de pertenencia en el ámbito escolar. Jonah Seidenberg, de 12 años, residente de un suburbio de Chicago, insistió en adquirir un modelo de Nike valuado en USD 145 tras no encontrar rebajas en plataformas de reventa y tiendas online. Su madre, Lisa Seidenberg, declaró a AP News que la compra superó lo previsto por la familia: “Eran las 10.30 de la noche y al final nos rendimos”, dijo. “Sentí que parecía un Tesla convertido en zapato, pero algo le llamó la atención”, afirmó.
La analista de tendencias Casey Lewis explicó al mismo medio que los zapatos tienen un peso especial frente a otras prendas: “Creo que los zapatos se identifican de inmediato con la idea de pertenecer al grupo”, sostuvo.
Las cifras del mercado reflejan un cambio en el comportamiento de los hogares. La consultora Circana, citada por AP News, informó que las ventas de calzado infantil cayeron 3% entre enero y junio. La cantidad de pares vendidos retrocedió 9%, mientras que el precio promedio avanzó 7%.
La asesora sectorial Beth Goldstein declaró a AP News que este comportamiento llama la atención porque los niños suelen necesitar más recambios que los adultos. No obstante, los datos muestran que los padres reducen la cantidad de pares que compran.
Elizabeth Powers, agente inmobiliaria de San Francisco y madre de dos hijos, contó al medio que intenta mantener un gasto anual de unos pocos cientos de dólares por niño, incluido el calzado. Para lograrlo, busca cupones, elige modelos versátiles y descarta compras impulsivas. Powers aseguró a AP News que el encarecimiento resulta difícil de aceptar porque, a su juicio, la calidad no acompaña: “Es muy frustrante tener que reemplazar zapatos antes de que los dejen por talle, por la mala calidad”, remarcó.
En los distritos con menores ingresos, la situación es más crítica. Almi Guajardo Abeyta, superintendenta escolar de Chelsea, Massachusetts, dijo a AP News que vio estudiantes con zapatos reparados con cinta adhesiva. Esa escena, afirmó, expone una de las señales más visibles de la pobreza infantil. Abeyta planteó que muchas familias enfrentan decisiones inmediatas entre necesidades básicas y útiles escolares: “Si tenés que decidir entre alimentar a tu familia o comprar un par de zapatos, vas a alimentar a tu familia”, dijo.
Lucila Castillo, trabajadora del sector alimentario en las afueras de Boston, mostró ese límite con datos concretos. Castillo contó a AP News que gana unos USD 700 por semana y que, después de pagar USD 2.200 mensuales entre alquiler y servicios, le quedan cerca de USD 600 para el resto de los gastos del hogar. Cuando su hija menor pidió unas Sambas o unos botines nuevos para fútbol, la respuesta fue negativa: “Tenemos que pagar el alquiler”, afirmó.
El reporte de AP News añadió que las cadenas minoristas refuerzan promociones y que también aumenta el interés por tiendas de segunda mano.
