El uso intensivo de pantallas genera un efecto adictivo que afecta la presencia y el tiempo de las personas, con especial incidencia en la construcción de la identidad de los niños.
En la era anterior al smartphone, las personas estaban presentes en sus hogares, en la mesa, en el colectivo o en el auto. Si bien no siempre estaban disponibles para sus seres queridos, no se encontraban «atrapadas» por la pantalla que hoy, de diversas formas, busca captar la atención. Al ingresar a una aplicación para realizar una tarea breve, el usuario puede permanecer veinte minutos adicionales navegando, respondiendo mensajes no urgentes, jugando o visualizando contenido en plataformas como Instagram, Facebook o TikTok.
Según el documental El dilema de las redes sociales, cuando el usuario no paga por un producto, el usuario mismo es el producto. En ese contexto, las plataformas digitales exponen a los usuarios a publicidades y estrategias de persuasión sin consentimiento explícito. La sociedad de consumo muestra mayor interés en que las personas permanezcan mirando el teléfono que en que vivan su vida.
Como alternativa, se sugiere retomar prácticas como el uso de relojes despertadores para dejar el celular cargando en otro ambiente durante la noche, emplear cámaras fotográficas dedicadas, ver series o películas en pantalla grande junto a otros, consultar diccionarios impresos o medios tradicionales para información meteorológica, y utilizar mapas físicos además de aplicaciones de navegación como Waze.
La preocupación principal se centra en los niños, quienes crecen con el celular en la mano, mostrando la vida en lugar de vivirla, sin espacio para el «ocio creativo», la conversación, el juego o el aburrimiento. En los últimos años, obras como Momo, de Michael Ende (1973), y la película Wish han abordado esta problemática. Momo narra la historia de una niña que lucha contra los «hombres grises», que roban el tiempo de las personas convenciéndolas de ahorrarlo. Wish presenta a un rey que guarda los deseos de su pueblo, los cuales son devueltos por la protagonista.
El «efecto dopamina» generado por las pantallas se describe como altamente adictivo, y puede llevar a las personas a perder sus sueños y proyectos. Los celulares son herramientas de trabajo, seguridad, entretenimiento e interacción, pero su uso excesivo puede tener consecuencias en la identidad y el desarrollo de los niños.
