El especialista en endocrinología reproductiva indicó plazos según la edad de la mujer y sostuvo que el estudio del factor masculino debe realizarse desde el inicio. Advirtió sobre el uso de testosterona en hombres que buscan concebir.
El tiempo puede cambiar una decisión en materia de fertilidad. Una pareja que lleva meses buscando un embarazo suele preguntarse si debe seguir intentando o pedir una evaluación. Para el doctor Fernando Ackerman, la respuesta empieza por la edad, pero también depende de los antecedentes y de la salud de quienes buscan tener un hijo.
En una conversación con Planes, el médico argentino, especialista en endocrinología reproductiva e infertilidad y director médico del Fertility Center of Miami, explicó que una consulta permite conocer las opciones antes de decidir si se hará un tratamiento.
Cuándo conviene pedir una evaluación
Si la mujer es menor de 35 años y no hay otros problemas conocidos, Ackerman señaló que la pareja puede intentar concebir durante un año. Entre los 35 y los 40 años, aconsejó consultar después de seis meses. A partir de los 40, propuso hacerlo tras tres meses de relaciones sin anticoncepción. Una condición médica previa o una alteración del ciclo también puede justificar una consulta antes de esos plazos.
La primera visita, dijo, comienza con la historia clínica de ambos. En la mujer pueden estudiarse la ovulación, la permeabilidad de las trompas y la reserva ovárica. Sobre esta última, aclaró que los análisis y la ecografía aportan información sobre la cantidad de óvulos, mientras que la calidad guarda una relación importante con la edad.
El factor masculino también cuenta
Ackerman relató que en su consultorio de Miami es frecuente que una mujer llegue sola porque su pareja prefiere esperar el resultado de sus estudios. Él propone evaluar a ambos desde el inicio: “Independientemente de lo que dé tu evaluación, siempre le voy a pedir a tu pareja masculina que se complete la evaluación del espermograma y análisis de sangre”.
El especialista afirmó que el hombre “puede ser que participe hasta en un 60%, ya sea de manera exclusiva o en combinación con la mujer” en los casos de infertilidad. La cifra, en su explicación, incluye los cuadros en los que concurren factores masculinos y femeninos; no equivale a atribuir al hombre por sí solo seis de cada diez casos.
También alertó sobre el uso de testosterona por hombres que buscan concebir. Según explicó, los suplementos pueden reducir de forma marcada la producción de espermatozoides, incluso hasta llevar el conteo a cero. Por eso, consideró indispensable preguntar por hábitos, medicación y antecedentes de ambos integrantes.
De la inseminación a la donación de óvulos
Las posibilidades varían según el diagnóstico. Ackerman distinguió la inseminación intrauterina, que coloca espermatozoides procesados dentro del útero, de la fecundación in vitro, en la que se extraen óvulos y se fertilizan en el laboratorio. La elección de una u otra técnica requiere una evaluación individual.
Para quien desea postergar la maternidad, la congelación de óvulos es otra opción, aunque su eficacia cambia con la edad. El médico explicó que no todos los óvulos sobreviven a la descongelación ni todos se fertilizan o continúan desarrollándose. Una consulta a los 40 años todavía puede ser útil, sostuvo, pero las probabilidades no son las mismas que a los 30 o 35.
Cuando los óvulos propios no ofrecen una alternativa adecuada, mencionó la donación de óvulos. También habló de la donación de esperma para mujeres solas y parejas de mujeres, y de la gestación subrogada cuando una mujer no puede llevar el embarazo. La disponibilidad de donantes, las condiciones médicas y las reglas aplicables cambian según el lugar y el caso.
En una situación excepcional, señaló que en su práctica se puede considerar un embarazo hasta alrededor de los 55 años después de una evaluación médica. Dejó una advertencia expresa: sería un embarazo “de altísimo riesgo”. Lejos de plantearlo como una posibilidad general, vinculó cualquier decisión con el estado de salud y los límites que establece cada paciente junto a su equipo médico.
Prepararse sin promesas de resultados
Al hablar de hábitos, insistió en cuidar el peso, mantenerse activo, no fumar y tomar vitaminas prenatales cuando corresponda. Describió la alimentación mediterránea y las dietas que llamó antiinflamatorias, aunque reconoció que la evidencia de algunos suplementos para mejorar la calidad de óvulos y espermatozoides no tiene un rigor concluyente.
El médico también recomendó moderar el alcohol y evitar la marihuana. En la búsqueda espontánea, consideró útil mantener relaciones dos o tres veces por semana, distribuidas a lo largo de los días, en vez de concentrarlas durante el fin de semana.
Ackerman fue cuidadoso con la expectativa de un resultado: aumentar las posibilidades de embarazo no equivale a garantizarlo. Su invitación final fue más concreta: “Consultar no quiere decir que vamos a hacer un tratamiento”, dijo. “Informate, informate. La información es poder”.
