El vehículo, fabricado en Inglaterra y carrozado en Francia, perteneció a la familia Pereyra Iraola y fue utilizado en un viaje por Europa entre 1910 y 1912. La unidad se exhibe en el Hipódromo de San Isidro hasta el lunes.
El Rolls-Royce Silver Ghost 40/50 HP de 1910, perteneciente a la familia Pereyra Iraola, se exhibe por primera vez en décadas en Autoclásica, la muestra de vehículos que permanece abierta hasta este lunes en el Hipódromo de San Isidro. El automóvil, de 116 años, fue fabricado en Inglaterra (motor y chasis) y carrozado en Francia por el taller Rothschild.
Según reconstruyeron Jorge y Fabián Pereyra Iraola, actuales responsables de la unidad, el vehículo fue encargado por Laura Pereyra Iraola para un viaje familiar por Europa iniciado en 1910. El grupo, integrado por diez personas, entre ellas seis sobrinos y un sacerdote, recorrió ciudades de Inglaterra, Francia, Italia, Alemania, Países Bajos, Bélgica, Suiza y Escocia. El itinerario incluyó Londres, Bruselas, Edimburgo, Viena, Venecia, Roma, Florencia, Milán, Monza, Siena y Hamburgo, según las fotografías conservadas por la familia.
El Rolls-Royce posee un motor de seis cilindros en línea, caja manual de tres velocidades y una cilindrada de 7428 cc. La carrocería elegida fue del tipo open-drive limousine, en la que los pasajeros viajaban en un habitáculo cerrado y el conductor al aire libre. La familia adquirió el vehículo como parte de una tradición de viajes tecnológicos iniciada en el siglo XVIII, orientada a la modernización agropecuaria.
El regreso a Buenos Aires estaba previsto para 1912 en el Titanic, pero el viaje se canceló porque María Teresa Lamarca, cuñada de Laura, cursaba un embarazo de ocho meses. La familia retornó en diciembre de 1912. El automóvil se utilizó luego para eventos sociales, funciones en el Teatro Colón y visitas a estancias familiares, como Abril, en el actual partido de Berazategui.
En la década de 1990, el Silver Ghost quedó bajo el cuidado de Luis Pereyra Iraola en Ayacucho, quien lo mantuvo en funcionamiento hasta su fallecimiento en diciembre de 2025. La familia rechazó ofertas de compradores extranjeros y de la propia empresa Rolls-Royce para adquirir el vehículo.
La exposición en Autoclásica representa la primera aparición pública del Rolls-Royce en décadas. La muestra permanece abierta hasta el lunes en el Hipódromo de San Isidro.
