Alejandra nació en Venado Tuerto, Santa Fe, y hace 20 años se instaló en Croacia, el país de origen de sus padres. Desde Split, donde trabaja en turismo, detalló aspectos que suelen sorprender a los argentinos que visitan el país.
Alejandra nació en Venado Tuerto, Santa Fe, y hace 20 años se instaló en Croacia, el país de origen de sus padres. Desde entonces reside allí y se dedica al turismo, actividad que le permitió aprender varios idiomas.
Actualmente organiza tours privados y trabaja en cinco lenguas: español, croata, inglés, portugués e italiano. En Argentina se había recibido de profesora de inglés y, según contó, el contacto permanente con turistas la ayudó a mantener la práctica y mejorar su manejo de los idiomas.
Durante una entrevista desde Split, una de las principales ciudades croatas, explicó algunas situaciones que pueden sorprender a los argentinos. Entre ellas mencionó una particularidad sobre el idioma: «Todos hablan inglés, pero todos los carteles aquí en Croacia están escritos en croata».
El croata pertenece a las lenguas eslavas y, según explicó, tiene similitudes con idiomas como el ruso, el serbio y el polaco. Al mismo tiempo, destacó que la comunicación cotidiana resulta más sencilla porque la mayoría de los croatas habla inglés.
«Siempre cuando me llaman para pedir asesoría turística, siempre digo que todos los carteles aquí en Croacia están escritos en croata. Nada está escrito en inglés», explicó.
Para Alejandra, esa característica forma parte de la identidad del país, aunque puede desconcertar a quienes llegan por primera vez y no conocen el idioma.
Más allá del idioma, también remarcó que las costumbres son diferentes. Los croatas, según su experiencia, son sociables y disfrutan de reunirse, aunque advirtió que pueden ser algo impacientes y recomendó tener paciencia al tratar con ellos.
También destacó que Croacia es un país tranquilo y seguro. Durante la entrevista recorrió las calles de Split y mostró algunos de sus principales atractivos, entre ellos la catedral, el antiguo palacio romano y el paseo marítimo frente al mar Adriático.
La gastronomía también tiene sus particularidades. En la costa predominan los pescados, mariscos, aceite de oliva, quesos de cabra y ensaladas de pulpo, mientras que en otras regiones aparecen preparaciones más contundentes, como el gulash y la pastizada.
A la hora de salir a comer, contó que una cena en un restaurante puede costar alrededor de 30 euros por persona en adelante, mientras que un café puede encontrarse por entre 2 y 3 euros.
Y hay una bebida que, para ella, ningún visitante debería dejar de probar: la rakija, un aguardiente tradicional que puede elaborarse con distintos ingredientes y que, según explicó, se consume en diferentes momentos del día.
Después de dos décadas en Croacia, Alejandra asegura que todavía encuentra motivos para mostrar el país a quienes llegan desde Argentina. Su experiencia permite conocer un destino europeo desde la mirada de una argentina que convirtió sus raíces familiares en su lugar de residencia y en su trabajo.
