La óptica y diseñadora de anteojos Carla Di Sí afirmó que el uso intensivo de pantallas está modificando la manera en que se utiliza la visión y que se proyecta un aumento de la miopía a nivel global. En una entrevista, detalló los cambios en la industria óptica argentina y las innovaciones en lentes.
Carla Di Sí, óptica y diseñadora de anteojos, afirmó que el uso intensivo de pantallas está modificando la manera en que se utiliza la visión y que se estima que prácticamente la mitad de la población mundial tendrá miopía en el año 2050. Lo hizo en una entrevista con Sentido Nacional, en la que también se refirió a la situación de la industria óptica argentina y a las innovaciones en lentes.
Di Sí proviene de una familia de ópticos y abrió su propia tienda en Palermo Soho a fines de 2010. Allí crea y desarrolla sus líneas de anteojos, que combinan formación técnica con diseño de autor.
Visión y pantallas
Consultada sobre si se ve peor que hace veinte años, Di Sí sostuvo: «En principio estamos usando la vista de otra manera y eso está haciendo que veamos peor. Podría decirse que la estamos usando de forma bastante antinatural porque la vista fue ‘diseñada’ para ver principalmente a lo lejos. Hoy esa proporción se invirtió: en lugar de mirar a lo lejos durante la mayor parte del día, pasamos muchas horas mirando de cerca o a distancia intermedia».
Y agregó: «Se debe sobre todo a la cantidad de horas que usamos pantallas: celulares, tablets, computadoras. Por eso empezamos a experimentar síntomas nuevos. Es preocupante que también los niños comiencen a edades muy tempranas con este hábito. Se estima que prácticamente la mitad de la población mundial va a tener miopía en el año 2050. Es una señal clara de que estamos viendo peor que hace veinte años».
Como recomendación, mencionó la regla 20-20-20: «cada 20 minutos, mirar durante 20 segundos a 20 pies de distancia (son unos 6 metros). Es fácil y efectiva para relajar la visión, para que no terminemos tan cansados».
Efectos de las pantallas y la luz azul
Sobre los efectos de pasar ocho o diez horas por día frente a una pantalla, Di Sí explicó: «En primer lugar pasamos muchas horas usando la visión cercana y la intermedia, en lugar de la lejana. Por eso la recomendación de la regla 20-20-20. Después hay un tema vinculado al ritmo circadiano. A partir de las seis de la tarde, la luz de las pantallas de celulares y computadoras, y también la luz LED de los ambientes, le hace creer al cuerpo que todavía es de día: esa luz frena la producción de melatonina, la hormona que le indica que es de noche. Entonces, en lugar de empezar a entrar en modo reposo, sigue en modo activo. Eso puede afectar el sueño y traer otros malestares, y eso sí está demostrado».
Respecto de la luz azul, aclaró: «No es cierto: la luz azul es muy buena para el funcionamiento del cuerpo, y estar en contacto con ella es muy saludable. Su principal fuente es el sol, la luz natural. Lo prudente es moderar el exceso». Y recomendó: «configurar las pantallas para que a partir de las seis o siete de la tarde los colores sean más sepiados, como el Night Shift de Apple, por ejemplo. También bajar el brillo de las computadoras al mínimo posible e ir disminuyendo la luz de los ambientes de la casa».
Anteojos pregraduados
Di Sí hizo campaña contra el uso de anteojos pregraduados, que se venden en farmacias. Al respecto, afirmó: «usar anteojos de farmacia como reemplazo de un anteojo de verdad, de los que se venden en una óptica, no es saludable. Una cosa es tener una emergencia una vez y tener que acudir a este tipo de anteojos, que técnicamente se llaman pregraduados, porque traen una graduación predeterminada igual para ambos ojos. Otra cosa es pretender reemplazar con un pregraduado un anteojo de verdad, hecho a medida en una óptica, con el centrado específico para esa persona. Es como automedicarse: es muy difícil que alguien determine por sí mismo cuál es la graduación que necesita. Pero lo peor del pregraduado es que aleja a las personas del examen visual y eso puede llegar a ser peligroso».
Y añadió: «El examen visual hay que hacerlo idealmente una vez por año o, como mucho, cada dos años. Consiste en la observación de las estructuras internas del ojo, como la retina, y en la medición optométrica. Y eso solamente lo puede hacer un profesional».
Sobre el tiempo de demora en la fabricación de lentes recetados, señaló: «el cuidado de la visión requiere entender que las lentes hechas a medida pueden demorar, en general entre un día y un par de semanas, según la corrección. Pero en lugar de ver solo la demora, me parece más importante ver el beneficio que te da esperar unos días. La visión es demasiado importante como para resolverla con algo rápido. Para mí los pregraduados son comida chatarra para los ojos».
Evolución de los anteojos
Consultada sobre qué impulsó la evolución de los anteojos a convertirse en una pieza central de la imagen, Di Sí respondió: «A principios del siglo XX Hollywood tuvo un rol bastante importante en la difusión de los anteojos. Los protagonistas empezaron a aparecer en las películas con anteojos de sol y eso colocó a este objeto en un lugar aspiracional. Hubo un actor del cine mudo, Harold Lloyd, que usaba unos anteojos redondos de marco negro. Eran su sello personal y fue tan popular que se lo considera como quien ‘puso de moda’ los anteojos de vista en Estados Unidos, en una época en que la mayoría quería disimularlos».
Y continuó: «En la era moderna, el cine fue el primero en poner a este objeto en un lugar popular. Después la moda hizo el resto. En las últimas décadas del siglo XX las grandes casas de moda empezaron a licenciar sus marcas para hacer anteojos. El acuerdo entre Giorgio Armani y Luxottica insertó al anteojo en el universo de la moda, cambiando de forma contundente a la industria óptica mundial. El anteojo pasó de ser un objeto médico a un accesorio para acompañar las prendas de sus creadores».
Asimismo, destacó el diseño de autor: «En paralelo, el diseño de autor en anteojos fue ganando lugar en Europa con referentes como Oliver Goldsmith y Alain Mikli, ambos muy inspiradores para mí. Los anteojos empezaron a entenderse como parte de nuestra identidad y no solamente como un accesorio. Elegir un anteojo es elegir cómo querés que te vean. En Carla Di Sí lo resumimos diciendo que ‘como vemos, somos'».
Inteligencia artificial y salud visual
Sobre el aporte de la inteligencia artificial a la salud visual, Di Sí indicó: «El aporte más concreto de la inteligencia artificial a la salud visual está en el diagnóstico: hay sistemas que analizan imágenes de la retina y detectan enfermedades como la retinopatía diabética. En Estados Unidos el primero se aprobó en 2018 y permite hacer ese control sin que un especialista tenga que interpretar las imágenes. También se aplica al diseño de lentes oftálmicas cada vez más precisas».
Y agregó: «Lo que más llama la atención hoy son los anteojos con inteligencia artificial, como los que desarrollan Meta y Ray-Ban. Tienen cámara, audio y un asistente que ve lo mismo que vos. En 2025 se vendieron más de siete millones y este año salieron modelos pensados especialmente para quienes usamos anteojos recetados, que se venden en ópticas. Me parece interesante porque en la óptica de mi abuelo se vendía la tecnología del momento y de alguna manera el anteojo vuelve a ocupar ese lugar. Pero hay que distinguir. Estos anteojos no hacen que veas mejor: la corrección la siguen dando las lentes y para eso sigue siendo indispensable el examen visual y el trabajo del óptico. Además plantean preguntas éticas nuevas, como la privacidad o el tiempo que pasamos conectados».
Innovaciones en lentes
En cuanto a las innovaciones en lentes oftálmicas, Di Sí mencionó: «Las innovaciones que más cambiaron la experiencia de uso están en las lentes progresivas que se diseñan de forma digital y personalizada, a partir de las medidas de cada persona y del armazón que eligió. El resultado son campos de visión más amplios y una adaptación mucho más fácil que hace veinte años. El límite es que la zona lateral de una progresiva sigue teniendo algo de distorsión y algunas personas necesitan unos días para acostumbrarse».
Y sumó: «En cuanto a materiales, las lentes de alto índice permiten graduaciones altas con lentes mucho más delgadas y livianas. Es lo que hace que hoy una miopía alta casi no se note».
Respecto de los tratamientos, señaló: «el antirreflejo cambió muchísimo la comodidad: menos reflejos, menos cansancio y una mirada más limpia para quien te ve. Las lentes fotocromáticas, las que se oscurecen con el sol, también son muy prácticas. Su límite es que dentro del auto casi no se oscurecen porque el parabrisas filtra la radiación UV que las activa. Y hay una innovación que me parece de las más importantes: las lentes de control de miopía para chicos menores de 18 años, para frenar su avance. Las pueden buscar como ‘lentes de desenfoque periférico o de desenfoque miópico’. No curan la miopía pero pueden hacer que avance más lento. Con lo que dijimos sobre el aumento de la miopía es una herramienta muy valiosa, siempre que esté indicada y controlada por un profesional».
Situación del sector en Argentina
Sobre la industria óptica argentina, Di Sí afirmó: «La industria argentina de anteojos está estancada, con baja producción, aunque igualmente todas las fábricas siguen produciendo. Con la última crisis y el reordenamiento fiscal de esta etapa cayó el consumo general y también cayó en nuestro rubro. Un factor clave es la medida antidumping a los anteojos y armazones de origen chino que vence en noviembre de este año. Los fabricantes están pidiendo renovarla por dos años más. A diferencia de las fábricas de armazones, la producción de lentes se hace en laboratorios especializados, con maquinaria de precisión y personal técnico idóneo. El diseño de autor requiere habilidades creativas y principios claros. Y la comercialización la compartimos entre todos los integrantes del sector de la óptica».
Consultada sobre qué pasó con los fabricantes argentinos en las últimas décadas, respondió: «La industria óptica siempre estuvo amenazada por la industria china porque la nuestra es una industria de mano de obra intensiva. Con la apertura de importaciones de los años noventa se perdieron muchísimas fábricas. La medida antidumping ayudó a que las pocas que quedaron se fortalecieran, crecieran y disminuyeran su capacidad ociosa. La mayoría se tecnificó también. Se perdieron empresas pero los conocimientos técnicos no».
