Una especialista en nutrición advierte que descuidar el descanso nocturno puede alterar hormonas clave, aumentar el apetito y elevar el riesgo de desarrollar obesidad y diabetes a largo plazo.
Dormir mal no solo provoca cansancio, sino que también puede tener consecuencias directas sobre el peso corporal. Así lo advierte la nutricionista Belén Fontán Calvo, insistiendo en que el descanso es un elemento clave para la salud y el correcto funcionamiento del metabolismo.
«En consulta, muchas veces los pacientes se preocupan más por el balance calórico del día y descuidan otros factores fundamentales como la calidad y duración del sueño», explica Fontán. Según la especialista, este mal hábito puede aumentar el riesgo de sobrepeso y obesidad a largo plazo.
Uno de los principales efectos negativos por falta de sueño se produce a nivel hormonal. Dormir poco altera dos hormonas clave en el control del apetito: la leptina y la grelina. La leptina es la encargada de enviar señales de saciedad al cerebro, mientras que la grelina estimula el hambre. Cuando no dormimos lo suficiente, los niveles de leptina disminuyen y los de grelina aumentan. Por lo tanto, este desequilibrio hace que la persona sienta más hambre y tenga mayor dificultad para controlar la ingesta de alimentos, incidiendo de manera directa en el aumento de peso.
Algunos ensayos experimentales indican que incluso una sola noche durmiendo mal puede tener efectos adversos. Por lo tanto, si esta situación se mantiene en el tiempo, el riesgo de aumento de peso se incrementa notablemente.
No solo eso, sino que también puede afectar al metabolismo de la glucosa. La falta de sueño puede provocar que el organismo desarrolle una mayor resistencia a la insulina, llevando más al límite al páncreas, que se ve obligado a generar una mayor cantidad de dicha hormona. Este proceso puede tener consecuencias importantes. Algunos estudios muestran que dormir solo cuatro o cinco horas durante varios días puede generar cambios metabólicos similares a los estados prediabéticos, lo que eleva el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
Más allá de los efectos fisiológicos, el cansancio también influye en el comportamiento diario. Cuando estamos fatigados, es más difícil tomar decisiones saludables y más fácil optar por alimentos menos adecuados. A esto, también se suma una menor predisposición a realizar actividad física.
Otros estudios también alertan sobre otros efectos a largo plazo. La privación crónica de sueño puede favorecer un estado de inflamación de bajo grado, un factor relacionado con enfermedades metabólicas y cardiovasculares.
Por todos estos factores, Belén Fontán insiste en la importancia de cuidar el descanso. El sueño es un «pilar fundamental» de la salud. En este sentido, recomienda abordar de forma conjunta la alimentación, la actividad física y el descanso, como pilares fundamentales para mantener un buen estado de salud.
