Penta, La Vía Láctea, 2D y Madrid Me Mata fueron epicentros de la movida cultural de los años 80 en Madrid. Hoy, estos bares son considerados santuarios que atraen a noctámbulos y turistas en busca de la nostalgia de una época transformadora.
Las noches en Madrid invitan a recorrer bares que marcaron una época. Penta, La Vía Láctea, 2D y Madrid Me Mata son locales que, aunque sus fachadas lucen envejecidas, conservan la energía de un movimiento cultural que sacudió a la capital española tras el franquismo. La movida madrileña abarcó música, cine, arte y transformó a Madrid en una de las ciudades más festivas de Europa.
El epicentro de esta efervescencia se sitúa en el barrio de Malasaña, entre las estaciones de metro Tribunal y San Bernardo. Allí se daban cita músicos, cineastas, fotógrafos y artistas en plena transición democrática. Juan Cook, productor musical que vivió esos años, guía este recorrido por los locales que aún mantienen vivo aquel espíritu.
El Pentagrama (El Penta) – Calle de la Palma, 4. Nació como bar de copas con una barra y una mini pista. Hoy funciona como un pequeño santuario ochentero, con murales y una placa dedicada a Antonio Vega, quien frecuentaba el lugar y lo mencionó en su canción La chica de ayer. El mural de la pared fue pintado por su primera esposa.
La Vía Láctea – Calle Velarde, 18. Considerado la “capilla” del pop-art madrileño, conserva intacta su decoración original, obra de los artistas Costus. Allí dio su primer concierto en España Nancy Sinatra. El espacio, que hoy alberga un billar, fue plataforma de bandas emergentes en los 80.
Madrid Me Mata – Corredera Alta de San Pablo, 31. Es un híbrido de bar y museo que exhibe objetos, fotos, afiches y vestimenta de la movida. El nombre hace referencia a un fanzine histórico. Allí se recuerda a figuras como Alaska y el grupo Tequila.
2D – Calle Velarde, 24. Una tasca donde músicos y público paraban a comer tapas. Sigue siendo un punto de encuentro para quienes buscan revivir la atmósfera de aquellos años.
Estos bares, más que simples locales, son testigos de una mutación cultural que convirtió a Madrid en un referente festivo. Hoy, filas de noctámbulos españoles y extranjeros esperan para entrar, tomar cervezas y escuchar música, cada uno en busca de su propia movida.
