La actividad económica cae, la inflación persiste y las provincias enfrentan mayores demandas sociales en medio del ajuste fiscal del gobierno nacional.
La mayoría de las cifras económicas vinculadas a actividades que involucran a la mayoría de la población muestran una tendencia descendente. Se conoció, entre otras, la caída de la actividad económica de febrero, que continúa reflejando una Argentina cada vez más dual. También se difundió el índice de inflación de marzo y se estima que el de abril será probablemente inferior, aunque aún por encima de los 2 puntos porcentuales, lejos de lo comprometido por el Presidente.
El proceso recesivo golpea a la mayoría de las provincias, que pierden recaudación. Mientras tanto, el gobierno central —que no tiene la obligación de pagar salud, educación ni seguridad— anuncia más ajuste y otorga adelantos de coparticipación a los gobernadores a cambio de apoyo legislativo. Son los gobiernos locales quienes deben hacerse cargo de pagar a maestros, policías y médicos.
En la medida en que la población abandona las prepagas y los colegios privados, y pierde empleos formales, la demanda sobre los servicios provinciales aumenta. Los gobernadores enfrentan el desafío de que los ciudadanos no siempre comprenden por qué algunos servicios comienzan a escasear. Además, el Estado nacional tiende a no pagar deuda comprometida, lo que agrava la situación de las administraciones locales.
El Gobierno atraviesa su peor momento en términos de opinión pública: la inflación descontrolada, las sospechas de corrupción y las conductas éticamente reprochables frente al sufrimiento cotidiano de las familias han impactado. Una nueva caída en el índice de confianza del consumidor de la UDT lo reafirma. La gestión actual recibe más responsabilidad por los problemas económicos que la llamada “herencia kirchnerista”.
En este contexto, el oficialismo impulsa una reforma electoral con dos objetivos: si no se aprueba, acusar a la dirigencia de casta; y buscar que una mayoría opositora no logre unificarse. También se anunció la presencia del Presidente y el vocero Adorni en la Cámara de Diputados, en un intento de generar un escándalo que desvíe la atención de los problemas del Gobierno.
Hasta ahora el mileísmo se sentía cómodo porque no había una oposición articulada, pero ese vacío comienza a llenarse. Las encuestas muestran tímidamente escenarios de balotaje donde asoma la posibilidad de cambio político. Un tercio de quienes votaron al oficialismo en 2023 dejó de creer que el sacrificio del ajuste económico valga la pena. Un 35% de los hogares declaró no llegar a fin de mes, récord en la serie histórica iniciada en 2009.
Mientras el Presidente canta “Libre” desde Israel, la imagen de lejanía respecto a los problemas cotidianos se acentúa. Hoy la bronca social está equiparada con desilusión, melancolía y tristeza. Si el Gobierno persiste en su actual camino, corre el riesgo de que la melancolía se transforme en enojo. La movilización no esperada en Plaza de Mayo en honor a Francisco es una señal de búsqueda de esperanza, reflejada en el recuerdo de alguien que estaba en las antípodas del pensamiento libertario.
