El jefe de Gabinete Manuel Adorni renunció a su cargo tras un jueves considerado clave por el oficialismo. Karina Milei y Santiago Caputo impulsaron su reemplazo por Guillermo Santilli.
El jueves pasado marcó un punto de inflexión en la Casa Rosada. Según fuentes del Gobierno, los hermanos Milei modificaron su postura sobre la continuidad del jefe de Gabinete, Manuel Adorni. La salida del funcionario se ultimó el viernes, con la secretaria general Karina Milei presente en la Casa Rosada y el presidente Javier Milei de regreso de España.
Dos factores pesaron en la decisión de los hermanos Milei. El primero fue el desgaste personal de Adorni tras casi cuatro meses de revelaciones sobre gastos e incrementos patrimoniales, mientras él hacía pública la austeridad. El segundo fue la imposibilidad de avanzar en el Congreso, especialmente en el Senado, sin que Adorni quedara en jaque. Esto fue definido por fuentes oficiales como una cuestión de gobernabilidad.
Quienes trataron a Adorni en los últimos días lo notaron afectado. Le impactaron la aparición de sus consumos desde que asumió la función pública y los gritos de la gente frente a su edificio. “No da más, estaba cocinado, muy golpeado”, refirió una fuente. “Manuel no daba más, se quería ir”, coincidió otra.
Karina Milei entendió que el Senado se había vuelto inviable. Esta semana, en la Cámara alta no pudo tratarse la ley de sociedades porque si se habilitaba el quórum, Adorni iba a ser interpelado y enfrentaría una moción de censura. Para el miércoles próximo estaba convocada la Comisión de Asuntos Constitucionales, y tampoco esperaban un buen resultado para el jefe de Gabinete. En Diputados, la situación era similar.
El jueves, funcionarios de confianza de Karina Milei le transmitieron que el Senado era una encerrona. “El mensaje fue: el Congreso se frena. Karina lo vio. Sintió que ya no había más voluntad del Senado, que estaba trabada la aprobación de leyes”, explicaron fuentes oficialistas.
Esa noche, el estratega Santiago Caputo también orbitó. Además, hubo una comunicación de Patricia Bullrich con Karina Milei, en el mismo sentido. “Esto no da más y todavía quedan 530 días de gobierno”, le dijo Bullrich. Para ese momento, Karina Milei ya estaba más convencida de que Adorni debía irse.
El viernes, en la Casa Rosada todos los funcionarios afirmaban que Adorni dejaría su cargo. Él mismo habló con sus equipos y se lo comunicó. “Fue un viernes letal”, afirmaron testigos.
Los hermanos Milei ultimaron los cambios. Karina Milei se convenció de que el reemplazante debía ser Guillermo Santilli. En el entorno de Santiago Caputo vieron con buenos ojos su designación. Santilli no es un puro de ninguna terminal. El ministro del Interior iba a reunirse con Eduardo Menem, pero Karina Milei le pidió que la visitara. La reunión comenzó cerca de las 18 y estuvo también Martín Menem. Allí Santilli se enteró de que picaba en punta para reemplazar a Adorni, aunque le aclararon que la última palabra sería del Presidente. Su objetivo principal es conservar la rosca política con los gobernadores.
Como posible número dos de Santilli se instaló Ignacio Devitt, un karinista que llegó al Gobierno de la mano de Adorni pero que se lleva bien con el caputismo.
Hasta el sábado a la tarde, Milei no había llamado a Santilli para confirmar su promoción. Tanto el Presidente como su hermana querían una despedida amigable para Adorni, con un abrazo y un aplauso, incluso ante quienes recomendaron anunciar todo junto.
La frase de Milei desde España el viernes generó interpretaciones disímiles. “Si la Justicia lo considera culpable, lo eyecto de una patada, pero yo creo en su honestidad”, dijo el Presidente. Algunos oficialistas sintieron que Milei abrió la puerta a echarlo; otros se sorprendieron por la celeridad de la salida pese a ese respaldo.
La semana había sido compleja para Adorni, aunque quiso mostrarse holgado cuando Karina Milei le armó reuniones con senadores el martes. Le recortaron sus funciones de comunicación, que quedaron en el vocero Adrián Ravier, y despidieron a su histórico número dos, Javier Lanari.
Ante el caso Martín Insaurralde, dentro del oficialismo hicieron mover la pelota de que la gente ponía en el mismo plano al exintendente de Lomas que a Adorni. En varias oficinas de la Casa Rosada observaron que ni los videos de Jesica Cirio ni el procesamiento de “Chiqui” Tapia permitieron correr la vista sobre el jefe de Gabinete.
La oposición friccionó en el Congreso y el Gobierno solo logró aplazar los tiempos. Hubo una acalorada discusión entre Devitt y Bullrich por la estrategia legislativa. En Diputados, el miércoles dentro de la bancada oficialista algunos cantaron “Adorni no se va” y otros se quisieron “meter abajo del piso”.
Por estas horas, no son pocos los que piensan que la renuncia de Adorni bajará la presión judicial sobre él y también mediática.
“Para qué esperaron tanto, con tanto daño hecho… Podría haber sido más expeditivo: correrlo, ponerlo a disposición de la Justicia, y haber alejado así todos los fantasmas”, se lamentaron en algunos despachos.
Otros optaron por la esperanza. “Estamos todos felices”, se escuchó.
