La rectora de la Universidad Escuela Argentina de Negocios analizó el impacto de la IA en los negocios y la necesidad de acercar la universidad al empleo.
Florencia Camerano, rectora de la Universidad Escuela Argentina de Negocios (UEAN), afirmó que la inteligencia artificial (IA) no reemplazará al talento humano, sino que debe utilizarse como una herramienta para potenciar la toma de decisiones. En una entrevista con Ámbito, Camerano señaló que «la IA puede darte datos y ayudarte a planificar distintos escenarios, pero la decisión final, la creatividad, la capacidad para interpretar un contexto y encontrar una oportunidad siguen siendo humana».
La rectora indicó que las empresas demandan profesionales con pensamiento crítico, iniciativa, proactividad y capacidad para resolver problemas complejos. «Son habilidades que ninguna tecnología puede reemplazar», sostuvo. Camerano explicó que la UEAN combina teoría y práctica desde el primer año de carrera mediante visitas a startups, empresas públicas y privadas, casos reales en el aula y programas de inmersión laboral.
Consultada sobre los intereses de los estudiantes, afirmó que los negocios digitales son los más recurrentes: «Muchos quieren desarrollar su propia startup, crear plataformas de e-commerce o lanzar proyectos con alcance internacional». Sin embargo, advirtió que emprender requiere formación en estrategia, comunicación y marketing.
En cuanto al liderazgo, Camerano definió que debe ser «integral, un liderazgo 360», basado en conocimiento técnico sólido y un propósito claro. «Ya no funciona el modelo del líder que cree saberlo todo. Hoy el liderazgo es más colaborativo, más horizontal y mucho más orientado al desarrollo de las personas», declaró.
La rectora también subrayó la necesidad de articular universidades, empresas y Estado para definir los perfiles profesionales que requiere el país. «Si un estudiante pasa por la universidad y no mejora sus oportunidades de conseguir un empleo, entonces estamos fallando como sistema educativo», afirmó. Agregó que ese diálogo debe traducirse en políticas públicas concretas para no quedar «solamente en el plano discursivo».
