En el arroyo Felicaria, tras navegar por el río Paraná de las Palmas y el río Capitancito, se ubica una isla que alberga una colección de entre 40 y 50 variedades de camelias. El emprendimiento, iniciado por Horacio Márquez y continuado por su hijo Hernán, se reconfiguró como santuario tras las crisis económicas y el declive de la floricultura nacional.
En el Delta del Paraná, sobre el arroyo Felicaria, se encuentra la Isla de las Camelias, un predio que alberga la mayor plantación de camelias de Sudamérica. El nombre del delta proviene del guaraní y significa «pariente del mar». La isla se ubica tras cruzar el río Paraná de las Palmas y recorrer el río Capitancito. La plantación se dedica a esta flor de origen asiático que florece entre julio y octubre.
Origen del cultivo
El emprendimiento comenzó con Horacio Márquez, ingeniero electrónico, y su esposa Luisa, quienes cultivaban hortensias, azaleas y camelias. En 1985, una crecida del río cubrió la zona durante un período prolongado. Al bajar las aguas, las únicas plantas que sobrevivieron fueron las camelias. A partir de ese hecho, Horacio Márquez investigó la especie, recorrió viveros y ferias especializadas, intercambió conocimientos con coleccionistas e importó plantas madre desde distintas partes del mundo. El vivero se orientó a la búsqueda, conservación y reproducción de camelias.
Las condiciones del Delta resultaron favorables para la especie. La calidad de los suelos, los niveles de humedad ambiental y la calidad del agua permitieron un desarrollo más vigoroso y acelerado que en otras regiones. Los lotes de plantas madres destinados a la producción comercial se transformaron en un bosque donde conviven camelias de gran porte con pinos.
Gestión actual y colección botánica
Actualmente, el proyecto está a cargo de Hernán Márquez, hijo de Horacio, y su pareja Marina. Hernán es floricultor especializado y se perfeccionó en Estados Unidos en cultivos intensivos y mejoramiento vegetal en laboratorios. «Heredé un hobby de mi padre y lo convertí en una carrera», declaró Hernán Márquez.
La Isla de las Camelias reúne una colección de entre cuarenta y cincuenta variedades, entre especies e híbridos. Según se informó, constituye un patrimonio único en el país y de relevancia internacional por la calidad de sus ejemplares y su labor de clasificación. La colección es comparable con viveros de Estados Unidos, como el Huntington Garden en California, o con jardines botánicos de Francia e Inglaterra.
Entre las especies del predio se destaca la Camelia Japónica por ser la más común. La colección incluye camelias simples de una o dos coronas de pétalos y flores dobles de densidad imbricada. También se conservan variedades perfumadas. Hernán Márquez aclaró que, aunque la creencia popular sostiene que las camelias no tienen aroma, existen especies particulares que sí lo poseen.
Reconfiguración como santuario
Las crisis económicas nacionales y el declive de la industria de las flores en Argentina afectaron al sector. Frente a este escenario, el antiguo vivero se reconfiguró en un santuario o reducto donde las camelias se atesoran como obras de arte.
Las camelias florecen entre julio y octubre. Para recorrer el predio, se realizan jornadas que comienzan en la estación fluvial de Tigre. Los visitantes parten en lancha en una navegación de aproximadamente una hora y media hacia la segunda sección del Delta. Al desembarcar, recorren senderos cubiertos de pinocha y pétalos caídos. El recorrido incluye charlas sobre la historia del lugar, técnicas de cultivo, multiplicación y cuidados, y talleres temáticos de fotografía, literatura, arte y jardinería. Históricamente los recorridos empezaban en julio, pero actualmente la floración principal se ha desplazado hacia finales de agosto y principios de septiembre, lo que evidencia un corrimiento en las temperaturas invernales.
Patrimonio vegetal y próximos eventos
Para Hernán Márquez, la colección guarda una relación directa con el arte, asimilable a una pinacoteca viva. Su objetivo central se enfoca en preservar esta colección y trabajar en la reproducción vegetal para mantener las especies.
En lo que resta del año, quedan dos visitas programadas. El sábado 3 de octubre se realizará una ceremonia japonesa de té con Malena Higashi. El sábado 10 de octubre se llevará a cabo un concierto del Dúo Bote, integrado por Flor Bobadilla Oliva (voz) y Abel Tesoriere (guitarra).
