Especialistas destacan cómo la calidad del descanso, la alimentación y el manejo del estrés influyen directamente en el deseo y la función sexual, según investigaciones científicas.
El sueño es un componente vital para la salud general, fundamental para la restauración física y mental. Sin embargo, sacrificar horas de descanso puede tener consecuencias que impactan en diversas áreas, incluida la vida sexual. Según el National Institutes of Health (NIH) de Estados Unidos, las noches de insomnio y ciertos hábitos cotidianos pueden afectar negativamente el deseo y la función sexual.
El doctor Merril Mitler, experto en sueño y neurocientífico del NIH, explica que la pérdida de reposo daña los niveles superiores de razonamiento, influye en el humor y puede incrementar el riesgo de sufrir depresión. Además, señala que la falta de descanso no solo impacta en el cerebro, sino que también «afecta las hormonas de crecimiento y del estrés, el sistema inmunitario, el apetito, la presión arterial y la salud cardiovascular».
En relación al deseo sexual, el doctor Francisco Javier Usubillaga indica que dormir menos de seis horas por noche de forma constante puede generar una reducción de testosterona. «Esto se traduce en menor libido, fatiga, disminución de la masa muscular y mayor dificultad para mantener una erección firme», sostiene. Según el especialista, los estudios han demostrado que la calidad del sueño está relacionada con la función eréctil, afectando principalmente a los hombres, aunque las mujeres también pueden experimentar alteraciones en su apetito sexual.
El doctor Paulo Egydio agrega que, además del sueño, existen otros factores que pueden influir en la salud sexual masculina en cualquier etapa de la vida. Entre ellos se destacan:
- Falta de actividad física y sobreentrenamiento: Pueden comprometer el rendimiento sexual debido a una disminución de testosterona, fatiga persistente y afectación de vasos sanguíneos, nervios y hormonas importantes para el sexo.
- Consumo de alcohol: Interfiere directamente con el sistema nervioso central, lo que puede manifestarse en una respuesta sexual menor y pérdida de control de la erección.
- Ingesta excesiva de alimentos ultraprocesados: Favorece la inflamación crónica, la resistencia a la insulina y cambios vasculares. El consumo constante de calorías en exceso promueve la acumulación de grasa abdominal, asociada a la disminución de testosterona, reducción de la libido y alteración en la calidad de las erecciones.
- Estrés persistente: Eleva los niveles de cortisol y «puede provocar disminución del deseo, dificultad de erección y pérdida de interés sexual», según Egydio.
Los expertos coinciden en que mantener hábitos saludables, incluyendo un descanso adecuado, es clave para el bienestar integral y la salud sexual.
